Páginas

martes, 28 de junio de 2011

A Discépolo con cariño

Hace unos días tuve un incidente serio, y algo chistoso (aunque no para mí).
Pasa que la cocina de mi departamento tiene un gran ventanal que da a un patio interno del edificio, (edificio que solo tiene dos pisos), al que a su vez ventilan las ventanas de otros departamentos.
En uno de estos, enfrentado al mío, está el departamento técnico de una empresa de instalación de antenas y electrónicos, que tiene tres aparatos de aire acondicionado que balconean al patio interno y están en funcionamiento, intermitente, pero constante durante el horario laboral al menos.
El problema es que uno de ellos funciona mal, y desde enero que produce un ruido muy molesto, similar a una turbina.
Por supuesto que ya se hicieron los reclamos pertinentes, por intermedio de la administradora del consorcio, puestas en marcha las vías de resolución,... pero nada!
Personalmente me he arrimado a tocarles el timbre en diferentes oportunidades, para quejarme del ruido, y siempre me atendió una voz un poco melindrosa del otro lado del portero, haciéndose la distraída, cosa que me exaspera!

Unas mañanas atrás, cansada de soportar el ruido en cuestión, salgo a la calle a tocarles el timbre, y como otras veces, a quejarme.
Regreso a mi cocina y siento que el ruido persiste aunque habían dicho que lo apagarían.
Vuelvo furiosa hasta su puerta para exigirles que pongan una solución al asunto, y en respuesta escucho un chasquido seco y violento en el portero eléctrico.

Llena de impotencia y sin pensarlo dos veces apreté el timbre con ganas, y continué apretándolo 1 minuto, 2...y luego una voz, femenina ella, pero a los gritos, insultándome en tanto yo seguía sin despegar mi dedo del timbre…-¿Sabes donde podes meterte el dedo?...-aullaba, y la gente que pasaba mirada extrañada la escena.
-¡Pensar que antes me contestaba toda modosita! -¡Ahh, pero que rápido perdió la compostura! –pensé, mientras la escuchaba llamarme tarada y otras linduras.

A todo esto: -¿Y ahora que hago? ¿Hasta donde voy a llegar? –me pregunto.
El tema es que ya me había metido en ese brete, y la verdad es que me sentí en apuros, pero debía ser consistente con mi queja, así que seguí apretando con furia, pero hice relevo de dedo, y de mano, para darles descanso a los pobres.
No tardaron en hacer su aparición en el hall de entrada dos empleadas, una de ellas se acercaba haciendo ademanes a la puerta de acceso,-detrás de la cual, del lado de la calle estaba yo-. Por un momento pensé que abriría la puerta y hasta temí que me agrediera físicamente, pero se quedó del lado de adentro, golpeando el vidrio a la altura de mi cara, insultándome e instándome para que dejara el timbre en paz.

Por entonces ya no sabía que hacer. Tenía claro que no me iba a quedar todo el día, pero tampoco quería dar el brazo a torcer tan fácil...era inminente que algo pasaría.
Mientras, yo seguía tercamente con el dedo pegado al timbre y reuniendo algo de dignidad en medio de tanta circunstancia ridícula, y la mire sin decir palabra.
Miré la camarita que tenía encima de mi cabeza y le hice una semi-sonrisa que quiso quedar sobrada, pero quedó una mueca tonta, supongo que por lo nervios, porque la situación ya era bastante violenta para mis hábitos tranquilos.

En eso aparece la portera del edificio, cruza unas palabras con las empleadas y luego viene hacia mí con andar cansino, abre la puerta y con una cara de angustia que me dio pena, me pide que desista. Alega que las chicas son empleadas, que la dueña no estaba...etc. Yo retiré mi dedo casi al momento que abrió la puerta, y me desquité un poco con ella, haciéndole mi descargo sobre la desconsideración, a lo que me puso el oído, sintiéndose quizás, momentáneamente obligada a ello.

Por unos días no hubo ruido. Pero el asunto no terminó allí, y seguro traerá cola.
Aunque esa mañana volví a mi cocina con ánimo triunfalista, sentí un profundo pesar al comprobar (sin intención dramática) que el “Cambalache” tiene más vigencia que,...por caso el “Padre Nuestro”.
Hace más de 70 años que Discépolo nos cantaba su triste ironía del acabose, admirado decía: ¡Siglo XX, que barbaridad a lo que hemos llegado!... Y sin embargo, no importa cuanto hayamos crecido y nos hayamos sofisticado desde entonces, todavía parece ser cierto eso de que al final:..”El que no llora, no mama”...

10 comentarios:

  1. Qué valiente!

    Pero es que tenés razón. Aplauso.

    ResponderEliminar
  2. Jejeje, la hermosa convivencia ciudadana. Bien Ceci! Yo tengo un vecino que toca el saxo en el balcón, bueno, no toca, intenta aprender a tocar y aunque tocara bien, es una tortura!! Es como tenerlo adentro de mi casa... Ya me grité varias veces de terraza a terraza... Si si, una se siente una loca, pero los que faltan el respeto son los otros! Besos!!

    ResponderEliminar
  3. Bravo!!!
    Adoro la gente que hace justiicia!
    La verdad es que no entiendo a las minas estas ¿Necesitan que esté su jefa para apagar un aparato de aire acondicionado? ¿No pueden responder a la demanda como personas civilizadas? Más aún, atenderán así a los clientes?
    Particularmente soy muy intolerante a los ruidos, puedo soportar algo de ruido de fondo porque me crie y aún vivo en un barrio de alta densidad de población, donde siempre hubo tránsito, gente por la calle, etc; pero el ruido en general me vuelve loca así que te entiendo.
    Ojalá tu queja haya surtido efecto, y es así el cambalache está más vigente que nunca... no por nada debe haber más gente que tiena calefón que la que tiene biblia... al menos en este país.

    Te mando un beso

    ResponderEliminar
  4. Y ese cambalache se palpa cada vez más sólido, sobre todo en las grandes ciudades!

    Espero logres que se te respete en tu reclamo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Ese que va con el coche abierto y la música "chumba-chumba" a toda pastilla, el de la moto con el tubo de escape trucado a las tres de la mañana, los de la obra con la piconadora a partir de las siete. Aquel o aquella que gritan no hablan, los ruidos son una agresión física real, debemos defendernos, jejejeje, a poder ser hablando que el timbre, ayyy, es pagar con la misma moneda, aunque sea merecida. Decibelios controlados, siiii.

    Yo tengo guerra abierta contra los, por lo menos diez gallos, que antes de la amanecida empiezan a cantar por riguroso turno, su kikiriquí en mi oído, lo taladran hasta las nueve entradas cada día sin falta, muuuuy fuerte, menudos pulmones plumíferos, competición de machitos del gallinero. Tarda la Navidad, que a cada gallo le llega su Nochevieja. Lo bucólico también tiene sus pegas, lo juro.

    Oportunísimo tema el que enfocas, no sabes Ceci cómo te comprendo. Besito.

    ResponderEliminar
  6. Cuando la gota colama el vaso nunca se sabe por dónde se a desparramar. Y es lo que te pasó a ti. Se acobó la paciencia y sin pensartelo dos veces allá que te fuiste. Creo que lo más leve que pudo pasatr. Al empezar a leerte pensé que le tirarías un objeto contundente al aparato.
    Espero que se te soluccione este desagradable incidente de manera favorable.
    Un beso

    ResponderEliminar
  7. jajajaja, como Michael Douglas tuvistes tu partuclar "Día de Furia" ( http://youtu.be/4yRVxnleW9I )
    Un beso y que sea leve !!!!!!

    ResponderEliminar
  8. ceci, sé que tanto tú como yo somos mortales...de eso no hay duda...lo que sucede es que tú lo has demostrado en este post...¡¡qué diferencia de escrito , me refiero a cuando escribes de tu cotidianeidad, en relación a cuando escribes ficción! y por eso digo que sos mortal, que también ..bue...esto es una especie de apostilla un tanto estúpida por mi parte, pero que me apetecía ponerla..
    siguiendo...me has recordado a audiciones que he hecho de alejandro dolina...en ellas el personaje en cuestión suele esstar llamando al timbre...o suele estar cerca de la puerta de...y como consecuencia de algún descuido suele meter la mano en el buzón de las cartas , el cual a veces está en la misma puerta, con tan mala suerte que ya no puede sacarla...con tan mal suerte que tiene que venir bomberos y demas y arrancarle la mano o , y también, arrancar la puerta y que el tipo en cuestión se vaya al hospital con la puerta y el buzón y la mano, claro está...¡¡¡anda que si en una de esas en las que estás dale que te dale a apretar el timbre se te queda el dedo pegado.., qué demonios hubiers hecho, ceci?? ah, com solución podrías llamar a mi jefe albañil y a este peón desespecializado que te..
    medio beso.

    ResponderEliminar
  9. Gracias Alicia!
    Es cierto Pachu, a mi me violenta eso de gritar. Pero a veces no queda otra.
    A mi también me vuleve loca el ruido lola, pero más cuando es fruto de la desconsideración, es como si sonara el doble.
    Neo, lo de la virtud cívica esta todavía muy en pañales.
    Natalí, y viste también en el pueblo se cuecen habas! Ja! Te compadezco por esos gallos que te tienen a mal traer!
    Katy, la verdad que la paciencia estalla, y no te niego que pensé en hacerle algo al aparato, pero es complicado por su ubicación. Un vecino sugirió medio en chiste, medio en serio que habría que tirarle ácido...pero bue! Todavía lo intentamos por la via diplomatica, aunque no se descarta nada. Ja!
    Manuel gracias por el enlace, y gracias por pasar
    Gustavo: Sí, he escuchado lo de Dolina y su mano que se quedaba encajada en la ranura de la puerta para las cartas,...es muy chistoso!! Por cierto que no se me ocurre que hubiera pasado si me quedaba con el dedo pegado al timbre, por las dudas no les des la idea del pegamento a esta dos papanatas..
    Gracias por pasar, y un beso a todos
    Ceci

    ResponderEliminar
  10. Cuando estudiaba vivia cerca de un hospital y un día a la semana encendían "el autoclave", un ruido molesto, cansino y repetitivo que se calaba hasta lo mas hondo, no nos quedaba más que el derecho a pataleo...pero sienta bien!
    enhorabuena por el triunfo!
    besos

    ResponderEliminar