Un anticipo, para ir palpitando el corazón de la ciudad....
Porque yo tenía un placard que parecía no tener fondo. El mismo albergaba un universo de cosas variadas y algunas hasta olvidadas. Grande fue su fama y a mucha gente su capacidad impresionó, que a menudo sobre un objeto o prenda preguntaban: ¿Acaso lo sacaste del fondo de tu placard?
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jueves, 31 de mayo de 2012
martes, 15 de noviembre de 2011
Hierros
Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, La Boca, Buenos Aires
Hilos de hierro no aptos para rueca: ¿cómo voy a deshilvanar las duras hebras de tu enredada urdimbre?
A golpe de martillo, ¡grave estruendo ha de ser!
Sopla cálido viento el fuelle curtido del viejo bandoneón.
Se guarda el cielo los chirridos agónicos del noble metal, a cambio: promete aliviar los sollozos con resplandeciente sol.
Desde abajo, el río le disputa correosas virutas.
Negras lágrimas, estrellas anisadas...y por las noches: ¡se siente un igual!
Hilos de hierro no aptos para rueca: ¿cómo voy a deshilvanar las duras hebras de tu enredada urdimbre?
A golpe de martillo, ¡grave estruendo ha de ser!
Sopla cálido viento el fuelle curtido del viejo bandoneón.
Se guarda el cielo los chirridos agónicos del noble metal, a cambio: promete aliviar los sollozos con resplandeciente sol.
Desde abajo, el río le disputa correosas virutas.
Negras lágrimas, estrellas anisadas...y por las noches: ¡se siente un igual!
viernes, 13 de agosto de 2010
Allá arriba: Buenos Aires





El cuello llega a doler de tanto erguir la cabeza para elevar la mirada, pero vale la pena!
Es que mirar Buenos Aires por encima de las calles, su gente, autos, -esa horizontalidad que atrapa nuestra mirada cotidiana-, nos brinda una perspectiva distinta de la ciudad.
No es extraño que después de apuntar la mirada hacia arriba, la ciudad parezca dividirse sensorialmente en dos dimensiones.
La de abajo. Terrenal, acostumbrada y humana.
Y la de allá arriba. Distante, silenciosa y majestuosa. Donde reinan la piedra, cúpulas y torres.
Si no fuera porque el estado conservado de los edificios, sus ventanas abiertas y sus balcones floridos nos indican que son actualmente habitados; Y de no ser porque se siente que en la superficie bulle la vida de una ciudad; Y se filtra en las alturas el mundanal ruido; Y estallan en ocasional vuelo las palomas espantadas por los estruendos de escapes y bocinas impertinentes; Parecería que la mitad de ciudad que se codea con las nubes, tiene una existencia propia y diferenciada.
Donde el cemento y las estructuras prevalecen, y nos dan apenas una muestra inacabada de eternidad, a sus moradores de abajo.
(Las fotos son cortesía de RAT)
jueves, 10 de diciembre de 2009
Buenos Aires, personal trainer de mis neuronas
Enredada estoy, al igual que muchas, en esta modalidad de compras que campea en todos los shoppings, y que lidera la promoción de los fabulosos descuentos que ofrecen los distintos bancos por el uso de sus tarjetas. Los que amablemente y como buenos chicos, -capaces de compartir locales y clientela-, se han dado en repartirse los dias de las semana, para ofrecer sin molesta competencia, ventajas sin igual. Tanto es dicho furor, que según sea el dia vemos a los mismos comercios, -sin falsos reparos de exclusividad y lealtad-, cambiar mercenariamente a diario los carteles que indican, su local opera con tal o cual tarjeta.
Hace unos dias tuve una visita del interior, a quien, -luego de deslizarme casi como si fuera un dato menor, sus intenciones de efectuar algunas compras de oportunidad-, traté energicamente diría (quizas demasiado arrebatada por los acontecimientos comerciales) de interiorizar en este complejo cronograma de agenda. Donde y cuando podría obtener mayor ventaja segun fueran sus posibilidades, y claro, además de como llegar al lugar de referencia.
Resultó ser éste un plan pretenciosamente exigente para mi pariente politico, el que casi no hacia tiempo, -despues de cumplidas las funciones de trabajo que lo trajeron hasta aquí-, de llegarse al comercio de turno, en una ciudad que además se vió particularmente convulsionada por cortes y manifestaciones de todo color.
Así que mientras yo lo llamaba desde el shopping elegido, tratando de moderar mi tono de voz para esconder mi casi desesperación porque el dia se acababa y con él las promociones que tuvieron lugar, y ahogar así lo que pudiera remotamente parecerse a un reclamo de porqué no estaba donde debía estar, "avistando prendas como yo"?. El mismo en respuesta, acompasaba el tiempo a su tranquilidad, augurando que así sería cuando pudiera.
De hecho, antes de irse y despues que le manifestara mi lamento por lo que creía yo una desventaja, -haber efectuado sus compras a destiempo y una vez muerta la promoción antes viva-, mi allegado muy por el contrario, se manifestó satisfecho con lo adquirido y agradecido por mi ayuda.
Esto me hizo pensar en esta ciudad y sus habitantes!.
Y es que la ciudad con todos sus desafíos y el modo de vida que impone, nos obliga a mantener nuestra máquina cerebral perfectamente aceitada y calibrada para no quedarse atrás en esto de sacar el mayor provecho del empleo de escasos recursos. La palabra es "optimizar".
Aquí hasta el mas humilde de los trabajadores tiene noción de ello. Las circunstancias le enseñaron que el tiempo es poco, las distancias muy largas y aunque la necesidad mucha, su engranaje neuronal discurrirá indefectiblemente alrededor de esta noción, de como acomodar mejor sus recursos. (Aunque a veces puede que gane la necesidad)
Se me ocurre la ciudad como un enorme campo de deportes con barras y paralelas, donde se ejercitan hasta el grado olímpico las neuronas colectivas.
Desde ya que en los lugares mas chicos, sucede que también la función neuronal de sus habitantes se ajustan a la circunstancias locales. Sin embargo puedo afirmar con conocimiento de causa, que los recursos son distintos. El tiempo no es tan limitado, por tanto es innecesario hacer grandes esfuerzos para administrarlo mejor, ni hacer un ranking de actividades para privilegiar en cumplimiento a una sobre otra. Las distancias son cortas, de manera que permite el trazado despreocupado de objetivos, que si de algo me olvido, puedo rapidamente volver sobre mis pasos y procurarlo. La trama social así y todo es compleja. La gente mayormente se conoce, los comercios no son muchos y la competencia no se rige tanto por los parámetros aquí conocidos.
No deben sus habitantes realizar intricadas ecuaciones que tengan en vista la agenda y las ventajas de reintegros bancarios, ni los obligan a seguir infatigables las huellas de las promociones diarias, caprichosas y advenidizas por naturaleza.
La convocatoria comercial de sus habitantes no es tan fluctuante, aunque si un poco antojadiza. No responde completamente a cuestiones de mercado, sino bien a profundos hábitos que tienen mas que ver con la confianza y la lealtad.
Desde que vivo en Buenos Aires mi mente se ha venido entrenado, a los saltos, esquivando, calculando rapidamente, decidiendo y finalmente ejecutando, casi sin darme cuenta. Y hoy puedo casi decir sin remilgos y a la luz de todas estas circunstancias que apunto, que mis neuronas estan en buena forma!.
Recuerdo que al poco tiempo de conocer a RAT, quedé sorprendida por su meticulosa forma de organizar sus actividades. Como anotaba absolutamente todo en su agenda a la que miraba y miraba, haciendo mas anotaciones, resolviendo logisticas y optimizando su dia de trabajo. Me parecía una habilidad increíble por carecer yo de la misma.
Hoy nuestras habilidades y actividades se encuentran naturalmente divididas por afinidad o por elección. Así mientras la cocina es mi territorio y me encargo de la casa en general, RAT es un eximio administrador, además de tener a su cargo las cuestiones de la casa mas "edilicias". El sabe que impuestos y servicios deben pagarse, cuanto etc. Hace listados en excell con todos los gastos e incluso tiene listados estadisticos de cuanto se gastó por los mismos rubros años anteriores. (Si estuviera por las mias, seguramente gastaría mas de lo que tengo).
Yo por mi parte, y haciendo honor al ejercicio diario neuronal, transito por esta ciudad tomando nota mental de casi todo. De donde se encuentran las cosas que nos gustan, de los espectaculos y eventos para ver. Soy la que lleva el registro de una ciudad que ofrece innumerables ventajas, y la que busca minuciosamente el regalo apropiado para cada miembro de la familia.
Confieso que me divierte ser quien, -de conformidad a nuestra división espontanea de tareas-, traiga a casa como aporte, algo del pulso de esta ciudad.
RAT se mueve por sus calles en auto, y como habitante su participación es activa, inmersa, y realmente padece la ciudad. Yo lo hago en transporte público o caminando, y a pesar de que hace años vivo en ella, todavía la observo con cierta extrañeza, como una visitante eterna. La miro y me gusta hacerlo.
Hace unos dias tuve una visita del interior, a quien, -luego de deslizarme casi como si fuera un dato menor, sus intenciones de efectuar algunas compras de oportunidad-, traté energicamente diría (quizas demasiado arrebatada por los acontecimientos comerciales) de interiorizar en este complejo cronograma de agenda. Donde y cuando podría obtener mayor ventaja segun fueran sus posibilidades, y claro, además de como llegar al lugar de referencia.
Resultó ser éste un plan pretenciosamente exigente para mi pariente politico, el que casi no hacia tiempo, -despues de cumplidas las funciones de trabajo que lo trajeron hasta aquí-, de llegarse al comercio de turno, en una ciudad que además se vió particularmente convulsionada por cortes y manifestaciones de todo color.
Así que mientras yo lo llamaba desde el shopping elegido, tratando de moderar mi tono de voz para esconder mi casi desesperación porque el dia se acababa y con él las promociones que tuvieron lugar, y ahogar así lo que pudiera remotamente parecerse a un reclamo de porqué no estaba donde debía estar, "avistando prendas como yo"?. El mismo en respuesta, acompasaba el tiempo a su tranquilidad, augurando que así sería cuando pudiera.
De hecho, antes de irse y despues que le manifestara mi lamento por lo que creía yo una desventaja, -haber efectuado sus compras a destiempo y una vez muerta la promoción antes viva-, mi allegado muy por el contrario, se manifestó satisfecho con lo adquirido y agradecido por mi ayuda.
Esto me hizo pensar en esta ciudad y sus habitantes!.
Y es que la ciudad con todos sus desafíos y el modo de vida que impone, nos obliga a mantener nuestra máquina cerebral perfectamente aceitada y calibrada para no quedarse atrás en esto de sacar el mayor provecho del empleo de escasos recursos. La palabra es "optimizar".
Aquí hasta el mas humilde de los trabajadores tiene noción de ello. Las circunstancias le enseñaron que el tiempo es poco, las distancias muy largas y aunque la necesidad mucha, su engranaje neuronal discurrirá indefectiblemente alrededor de esta noción, de como acomodar mejor sus recursos. (Aunque a veces puede que gane la necesidad)
Se me ocurre la ciudad como un enorme campo de deportes con barras y paralelas, donde se ejercitan hasta el grado olímpico las neuronas colectivas.
Desde ya que en los lugares mas chicos, sucede que también la función neuronal de sus habitantes se ajustan a la circunstancias locales. Sin embargo puedo afirmar con conocimiento de causa, que los recursos son distintos. El tiempo no es tan limitado, por tanto es innecesario hacer grandes esfuerzos para administrarlo mejor, ni hacer un ranking de actividades para privilegiar en cumplimiento a una sobre otra. Las distancias son cortas, de manera que permite el trazado despreocupado de objetivos, que si de algo me olvido, puedo rapidamente volver sobre mis pasos y procurarlo. La trama social así y todo es compleja. La gente mayormente se conoce, los comercios no son muchos y la competencia no se rige tanto por los parámetros aquí conocidos.
No deben sus habitantes realizar intricadas ecuaciones que tengan en vista la agenda y las ventajas de reintegros bancarios, ni los obligan a seguir infatigables las huellas de las promociones diarias, caprichosas y advenidizas por naturaleza.
La convocatoria comercial de sus habitantes no es tan fluctuante, aunque si un poco antojadiza. No responde completamente a cuestiones de mercado, sino bien a profundos hábitos que tienen mas que ver con la confianza y la lealtad.
Desde que vivo en Buenos Aires mi mente se ha venido entrenado, a los saltos, esquivando, calculando rapidamente, decidiendo y finalmente ejecutando, casi sin darme cuenta. Y hoy puedo casi decir sin remilgos y a la luz de todas estas circunstancias que apunto, que mis neuronas estan en buena forma!.
Recuerdo que al poco tiempo de conocer a RAT, quedé sorprendida por su meticulosa forma de organizar sus actividades. Como anotaba absolutamente todo en su agenda a la que miraba y miraba, haciendo mas anotaciones, resolviendo logisticas y optimizando su dia de trabajo. Me parecía una habilidad increíble por carecer yo de la misma.
Hoy nuestras habilidades y actividades se encuentran naturalmente divididas por afinidad o por elección. Así mientras la cocina es mi territorio y me encargo de la casa en general, RAT es un eximio administrador, además de tener a su cargo las cuestiones de la casa mas "edilicias". El sabe que impuestos y servicios deben pagarse, cuanto etc. Hace listados en excell con todos los gastos e incluso tiene listados estadisticos de cuanto se gastó por los mismos rubros años anteriores. (Si estuviera por las mias, seguramente gastaría mas de lo que tengo).
Yo por mi parte, y haciendo honor al ejercicio diario neuronal, transito por esta ciudad tomando nota mental de casi todo. De donde se encuentran las cosas que nos gustan, de los espectaculos y eventos para ver. Soy la que lleva el registro de una ciudad que ofrece innumerables ventajas, y la que busca minuciosamente el regalo apropiado para cada miembro de la familia.
Confieso que me divierte ser quien, -de conformidad a nuestra división espontanea de tareas-, traiga a casa como aporte, algo del pulso de esta ciudad.
RAT se mueve por sus calles en auto, y como habitante su participación es activa, inmersa, y realmente padece la ciudad. Yo lo hago en transporte público o caminando, y a pesar de que hace años vivo en ella, todavía la observo con cierta extrañeza, como una visitante eterna. La miro y me gusta hacerlo.
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