Porque yo tenía un placard que parecía no tener fondo. El mismo albergaba un universo de cosas variadas y algunas hasta olvidadas. Grande fue su fama y a mucha gente su capacidad impresionó, que a menudo sobre un objeto o prenda preguntaban: ¿Acaso lo sacaste del fondo de tu placard?
jueves, 12 de julio de 2012
Premio
La querida amiga Leonor desde su: blog de fotos que es un encanto, y que recomiendo visitar; de su tierra cálida de playas de arenas tostadas y mar azul, me ha honrado con el siguiente premio:
Gracias Leonor, atesoro este gesto junto a las lindas palabras que me dedicaste.
Deseo hacer extensivo este premio a todos los amigos bloggeros cuyas palabras añoro, busco y me alimentan. Gracias por visitarme.
jueves, 5 de julio de 2012
Relato de Jueves Literario: "Tus fantasías secretas"
Esta semana la convocatoria la lidera San del blog: Y nacimos casualmente, y la consigna es plasmarla en solo 150 palabras. A su casa vamos por más fantasías
SUEÑO EN COLORES
Cierra los ojos, se sueña lejos, donde la pampa corre llana sin fin y el horizonte fue borrado. Los colores son vívidos, convidan al tacto. Las aletas de la nariz se ensanchan ávidas de aire seco que astringe los pastos.
Se extienden los parches de terciopelo verde brillante, se mece la gramilla suave; no amenaza con exhuberancia la vegetación, ni puntas ni pústulas, lejos la selva.
Se amontona la luz en los granos maduros alineados en las mazorcas de maíz; a lo suyo el chingolo: silbidos cortitos seguidos de portentoso trino; el zorzal de esmerado canto, solo tiene sonidos de calma, ¡malo para imitar!
Calienta la sangre el sol, arrebata y tiñe las mejillas, la mano escarba: húmeda, naranja, se deshilacha la pulpa de la calabaza.
En dimensión paralela quedaron los reclamos de niños, hogar, trabajo; sobre la mesa: los tintes violetas de un vino flotando mitad de copa, consuela.
SUEÑO EN COLORES
Cierra los ojos, se sueña lejos, donde la pampa corre llana sin fin y el horizonte fue borrado. Los colores son vívidos, convidan al tacto. Las aletas de la nariz se ensanchan ávidas de aire seco que astringe los pastos.
Se extienden los parches de terciopelo verde brillante, se mece la gramilla suave; no amenaza con exhuberancia la vegetación, ni puntas ni pústulas, lejos la selva.
Se amontona la luz en los granos maduros alineados en las mazorcas de maíz; a lo suyo el chingolo: silbidos cortitos seguidos de portentoso trino; el zorzal de esmerado canto, solo tiene sonidos de calma, ¡malo para imitar!
Calienta la sangre el sol, arrebata y tiñe las mejillas, la mano escarba: húmeda, naranja, se deshilacha la pulpa de la calabaza.
En dimensión paralela quedaron los reclamos de niños, hogar, trabajo; sobre la mesa: los tintes violetas de un vino flotando mitad de copa, consuela.
jueves, 28 de junio de 2012
Relato de Jueves Literario: "En los zapatos de otro"
La convocatoria de esta semana la lidera Gastón, en su casa encontraremos muchos zapatos que ponernos.
LOS PASOS PERDIDOS
Su agenda rebasa de contenido, frases, horarios, recomendaciones, papelitos sueltos. La cierra con destreza antes que el relleno empiece a rezumar como la crema de una galleta. Ya en la calle toma un taxi; revisa su correo en busca del aviso del mandamás del Estudio Jurídico, donde le indica pasar a recoger al cliente de camino al Palacio de Tribunales. Memoriza el nombre del cliente; no es la primera vez que lo hace, tampoco será ésta la última cortesía que su jefe tenga con sus clientes, a expensas de su tiempo.
El coche se detiene en doble fila en la puerta de un edificio de departamentos. Está nerviosa, el tiempo se acaba y la audiencia dará comienzo aun sin ellos. Por la puerta vidriada del edificio sale un hombre corpulento al tiempo que el taxista se hace acreedor de un largo bocinazo, en reproche por el entorpecimiento del tráfico. La ocupante se acerca a la ventanilla con una sonrisa en la cara, el hombre la ve y con más determinación que eficacia emprende sus pasos hacia ella. Extiende su pierna tiesa con dificultad, apenas unos centímetros y la apoya en el piso, juntamente un bastón, le brinda un punto alternativo de apoyo en tanto toda su osamenta revestida de pulpa humana se inclina ostensiblemente. Le sigue la pierna sana y su estatura se recompone; todos los presentes miran las baldosas de la vereda con preocupación y respeto reverencial, cada vez que un paso de ese coloso logra sortear la atracción gravitatoria que viene de la superficie.
Ella hace esfuerzos por mantener la serenidad y la sonrisa en la cara, sus ojos compasivos no dejan de seguir los movimientos del hombrón como si pudiera con su vista imprimirle premura, “Ay señor mío, ¿cómo pedirle que apure el tranco?, el audiencista no esperará, se lamenta”, más la resignación le demanda cordura, se abre paso en su sien y abate los últimos segundos de pulsación enloquecida.
Por fin llegan. En la puerta de acceso al Palacio de Justicia un empleado le señala disimuladamente con el índice su reloj pulsera. Bajan del taxi los pasajeros, ella se acomoda pero su primer paso se trunca. El tacón de uno de sus zapatos queda detenido por el cordón de la vereda, que impedido de seguir la inercia de su avance, es arrancado de cuajo. Casi cae. Recoge los papeles y su agenda; recupera apenas el equilibrio e intenta caminar, pero perdido el apoyo de su talón derecho, el cuerpo se ladea en pose ingrata. -¡Venga, yo le ayudo!, –el hombre le toma de un brazo sin esperar respuesta; -¡ahora estamos parejos! –le dice sonriente.
Avanza la pareja despareja, inmune al grito de los minutos que corren, en consonancia de contrapesos, cada uno a su tiempo; de lejos, podría decirse: lucen armoniosos los balanceos rítmicos de los cuerpos.
LOS PASOS PERDIDOS
Su agenda rebasa de contenido, frases, horarios, recomendaciones, papelitos sueltos. La cierra con destreza antes que el relleno empiece a rezumar como la crema de una galleta. Ya en la calle toma un taxi; revisa su correo en busca del aviso del mandamás del Estudio Jurídico, donde le indica pasar a recoger al cliente de camino al Palacio de Tribunales. Memoriza el nombre del cliente; no es la primera vez que lo hace, tampoco será ésta la última cortesía que su jefe tenga con sus clientes, a expensas de su tiempo.
El coche se detiene en doble fila en la puerta de un edificio de departamentos. Está nerviosa, el tiempo se acaba y la audiencia dará comienzo aun sin ellos. Por la puerta vidriada del edificio sale un hombre corpulento al tiempo que el taxista se hace acreedor de un largo bocinazo, en reproche por el entorpecimiento del tráfico. La ocupante se acerca a la ventanilla con una sonrisa en la cara, el hombre la ve y con más determinación que eficacia emprende sus pasos hacia ella. Extiende su pierna tiesa con dificultad, apenas unos centímetros y la apoya en el piso, juntamente un bastón, le brinda un punto alternativo de apoyo en tanto toda su osamenta revestida de pulpa humana se inclina ostensiblemente. Le sigue la pierna sana y su estatura se recompone; todos los presentes miran las baldosas de la vereda con preocupación y respeto reverencial, cada vez que un paso de ese coloso logra sortear la atracción gravitatoria que viene de la superficie.
Ella hace esfuerzos por mantener la serenidad y la sonrisa en la cara, sus ojos compasivos no dejan de seguir los movimientos del hombrón como si pudiera con su vista imprimirle premura, “Ay señor mío, ¿cómo pedirle que apure el tranco?, el audiencista no esperará, se lamenta”, más la resignación le demanda cordura, se abre paso en su sien y abate los últimos segundos de pulsación enloquecida.
Por fin llegan. En la puerta de acceso al Palacio de Justicia un empleado le señala disimuladamente con el índice su reloj pulsera. Bajan del taxi los pasajeros, ella se acomoda pero su primer paso se trunca. El tacón de uno de sus zapatos queda detenido por el cordón de la vereda, que impedido de seguir la inercia de su avance, es arrancado de cuajo. Casi cae. Recoge los papeles y su agenda; recupera apenas el equilibrio e intenta caminar, pero perdido el apoyo de su talón derecho, el cuerpo se ladea en pose ingrata. -¡Venga, yo le ayudo!, –el hombre le toma de un brazo sin esperar respuesta; -¡ahora estamos parejos! –le dice sonriente.
Avanza la pareja despareja, inmune al grito de los minutos que corren, en consonancia de contrapesos, cada uno a su tiempo; de lejos, podría decirse: lucen armoniosos los balanceos rítmicos de los cuerpos.
jueves, 21 de junio de 2012
Relato de Jueves Literario: "Mis Jueves"
Mis jueves tienen un no se qué, como las tardecitas de Buenos Aires...¡ya lo quisiera yo!
Mis jueves vienen al paso, más a veces: pasan de semanas. O se montan al entusiasmo y cabalgan por piedras aceitadas sin dislocarse; y otras se les sueltan los cascos; ¡ay mis jueves casquivanos!
Los jueveros, esas personas maravillosas, dan perfecta asistencia.
Animan, consuelan, conmueven con letras, gestos, actitudes. Los corazones palpitan al unísono y hasta las maquinas se enlazan con brazos digitales, y se mandan amores cifrados en nodos, y echadas redes: envuelven besos binarios.
Si tuviera color sería luna terrosa, si textura: el suave y delicado género que visten los duraznos cuaresmillos, si oliera sería a canela, a flor de algarrobo y caramelo bullente, y si sonora como melodía, sería algo así como...ésta:
Mas jueves se cuentan en el Daily
miércoles, 6 de junio de 2012
Buscado
¡ATENCIÓN!: SE HA PERDIDO NUESTRO DIRECTOR DE LOS JUEVES, ¡SI ALGUIEN LO VIO, CHIFLE!

Anoche grité hasta que se me salió todo el aire de los pulmones, bailé una jota en los tejados (en las cúpulas) ¡ejem!!...por acá no hay muchos tejados, ¡ya comprenderás!, y agité como loca mi pañuelo blanco...¡sí!, ¡ese! ¿lo ves? (¡un poco de piedad hombre, que por aquí ha empezado a helar!), ¡dale!...responde con una señal así te vemos.

Anoche grité hasta que se me salió todo el aire de los pulmones, bailé una jota en los tejados (en las cúpulas) ¡ejem!!...por acá no hay muchos tejados, ¡ya comprenderás!, y agité como loca mi pañuelo blanco...¡sí!, ¡ese! ¿lo ves? (¡un poco de piedad hombre, que por aquí ha empezado a helar!), ¡dale!...responde con una señal así te vemos.
jueves, 31 de mayo de 2012
Próximamente: Encuentro Juevero en Buenos Aires
Un anticipo, para ir palpitando el corazón de la ciudad....
jueves, 3 de mayo de 2012
Relato de Jueves Literario: "La vida en un castillo medieval"
Esta semana Tere en su blog: Puntos suspensivos, nos convoca a participar con un relato que tenga como contexto la edad media, que tanto da para contar. Aquí mi versión sobre el tema:
AMERICA OR BUST
Rorik desea con todas sus fuerzas que hombres y bestias se muevan con mayor presteza. -¿Serán aquellas que despunten el próximo amanecer las horas felices en que por fin abandone estas tierras lodosas?, -se pregunta el joven de cara lisa.
Rorik da una palmada firme a la primera de una procesión de mulas que se abren paso con su carga entre pilones de estiércol rodeados de nubes oscuras de moscas, que se levantan con la proximidad de cascos y botas, descubriendo los tesoros humeantes que se mezclan aquí y allá con charcos de nieve blanda y porciones de barro escarchado.
Bajo la atenta mirada del muchacho suben a la nave los cofres labrados y los libros de su señor De Ganger. Hecho esto, se desparrama en toda su altura bajo el alero y arrima sus miembros ateridos al fuego. Lleva puesta una gruesa túnica de lana, modesta, pero acorde al alto rango de la casa de su señor; y aunque es mejor su vestimenta que la del resto de la tripulación que lo rodea, hay algo en su porte que indica desdén por esos lujos. No hay reverencia hacia las posesiones de su señor, ni en sus palabras, ni en sus movimientos.
Rorik acomoda el hatillo de armas, las de manos, las principales fueron embarcadas mientras se dispone a esperar que aparezcan las primeras luces del día junto a su caballo. ¡Por nada le dejaría! Ese magnífico ejemplar gris de excelente andadura es lo mejor que tiene, su única herencia. Ya bastante deuda contrajo su empobrecida familia que empeñó las siguientes cosechas de una tierra debilitada y hasta se concertó antes de tiempo el matrimonio de su hermana por esta merced. ¡Sí, grandes sacrificios se hicieron para asegurarle el puesto de escudero en casa del consentido del monarca! Como sea, el destino lo había ubicado allí, para suplir con dote soldadesca cuanto carece su señor, quien compensa cuanto falta con profunda erudición.
Serán ampliamente difundidas las hazañas valerosas, que capture bajo su pluma, de los hombres principales en las tierras nuevas, -muy propias para el cambio de era, cuanto que es el año 1000 que corre-, y así le fue encomendado.
Detrás de los muros de piedra sombría de la fortificación normanda espera su señor De Ganger: la última hora para embarcar. Como ya adelantó a su joven escudero, planea escribir en esas horas del final de la tarde un prólogo bien intencionado que brinde adecuado inicio a su libro de meditaciones sobre las maravillas naturales del creador, las que estima recoger en las lejanas tierras verdes, muy al oeste del gran mar, y habrá de dividir según las observaciones sean diurnas o nocturnas..."Esto digo a vos, y rezará en tinta: las leyes divinas son las que trazan los caminos de los hombres, nunca la ley de estos últimos se antepondrá en el camino de un caballero".
Rorik ansia ver las tierras de vides fecundas y de árboles altos como gigantes, tanto como su señor, pero a diferencia de él no piensa perder su tiempo en crónicas tontas de caballeros, ni meditaciones sacras, ya verán en tierras nuevas como se las arregla su señor De Ganger; a él le espera su vida. Por lo pronto, se siente dichoso de pasar esas horas al calor del fuego que envuelve la marmita en compañía de su corcel, y de verse librado de momento, de la cháchara soporífera del erudito caballero.
AMERICA OR BUST
Rorik desea con todas sus fuerzas que hombres y bestias se muevan con mayor presteza. -¿Serán aquellas que despunten el próximo amanecer las horas felices en que por fin abandone estas tierras lodosas?, -se pregunta el joven de cara lisa.
Rorik da una palmada firme a la primera de una procesión de mulas que se abren paso con su carga entre pilones de estiércol rodeados de nubes oscuras de moscas, que se levantan con la proximidad de cascos y botas, descubriendo los tesoros humeantes que se mezclan aquí y allá con charcos de nieve blanda y porciones de barro escarchado.
Bajo la atenta mirada del muchacho suben a la nave los cofres labrados y los libros de su señor De Ganger. Hecho esto, se desparrama en toda su altura bajo el alero y arrima sus miembros ateridos al fuego. Lleva puesta una gruesa túnica de lana, modesta, pero acorde al alto rango de la casa de su señor; y aunque es mejor su vestimenta que la del resto de la tripulación que lo rodea, hay algo en su porte que indica desdén por esos lujos. No hay reverencia hacia las posesiones de su señor, ni en sus palabras, ni en sus movimientos.
Rorik acomoda el hatillo de armas, las de manos, las principales fueron embarcadas mientras se dispone a esperar que aparezcan las primeras luces del día junto a su caballo. ¡Por nada le dejaría! Ese magnífico ejemplar gris de excelente andadura es lo mejor que tiene, su única herencia. Ya bastante deuda contrajo su empobrecida familia que empeñó las siguientes cosechas de una tierra debilitada y hasta se concertó antes de tiempo el matrimonio de su hermana por esta merced. ¡Sí, grandes sacrificios se hicieron para asegurarle el puesto de escudero en casa del consentido del monarca! Como sea, el destino lo había ubicado allí, para suplir con dote soldadesca cuanto carece su señor, quien compensa cuanto falta con profunda erudición.
Serán ampliamente difundidas las hazañas valerosas, que capture bajo su pluma, de los hombres principales en las tierras nuevas, -muy propias para el cambio de era, cuanto que es el año 1000 que corre-, y así le fue encomendado.
Detrás de los muros de piedra sombría de la fortificación normanda espera su señor De Ganger: la última hora para embarcar. Como ya adelantó a su joven escudero, planea escribir en esas horas del final de la tarde un prólogo bien intencionado que brinde adecuado inicio a su libro de meditaciones sobre las maravillas naturales del creador, las que estima recoger en las lejanas tierras verdes, muy al oeste del gran mar, y habrá de dividir según las observaciones sean diurnas o nocturnas..."Esto digo a vos, y rezará en tinta: las leyes divinas son las que trazan los caminos de los hombres, nunca la ley de estos últimos se antepondrá en el camino de un caballero".
Rorik ansia ver las tierras de vides fecundas y de árboles altos como gigantes, tanto como su señor, pero a diferencia de él no piensa perder su tiempo en crónicas tontas de caballeros, ni meditaciones sacras, ya verán en tierras nuevas como se las arregla su señor De Ganger; a él le espera su vida. Por lo pronto, se siente dichoso de pasar esas horas al calor del fuego que envuelve la marmita en compañía de su corcel, y de verse librado de momento, de la cháchara soporífera del erudito caballero.
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