Esta semana la convocatoria vengativa la lidera Tere del blog: Puntos Suspensivos; en su casa nos vemos
¿QUIÉN RÍE ÚLTIMO?
Con la diestra se quita rápidamente el sombrero que deja al descubierto unos pocos cabellos finos empapados de transpiración y lo arroja sobre la mesa; constata que las mujeres del servicio están afuera y se adentra a grandes pasos hacia el despacho privado de la casa. Tiene las suelas de las botas recubiertas de barro seco y bosta de vacas, pero poco y nada repara en las motas de pasta oscura que le imprime al piso de pino tea.
En su despacho revisa los papeles, hace cuentas mentales, las hectáreas de buena tierra de pastos blandos, bueno para el ganado, sus animales, cuantos parirán esta temporada, las crías en pie, la vieja casa familiar; repasa su capital en detalle; y entre ellos, ¿porqué no? si se la ganó en buena ley:...Estela.
Sentado en su escritorio como si lo estuviera en la cúspide de sus posesiones, mira a través de la ventana lo que sucede en el exterior. Nadie lo vio entrar a la casa, así que aprovecha su invisibilidad momentánea para espiar a su hermano con ojos escrutadores antes de ir a su encuentro. Seguramente viene por algo de dinero; el último trabajo le duró lo que un pedo en una canasta; ¡siempre ha sido tan confiado en las cuestiones del negocio!, ¡no!, mejor: desidioso, un desentendido, aunque en su beneficio, después de todo: su hermano hizo su jugada como él mismo y ninguna culpa le cabe si la partida no le hizo ninguna justicia.
Allí esta con su vieja camioneta, flaco y longilíneo como un adolescente, encantando a las damas con su conversación animada, desplegando mapas y amontonando sus petates en el vehículo. Supo que planea un viaje al Salar de Uyuni; aunque en esta época llueve le dijeron, además tardará días en ese carromato, ¡y eso si tiene suerte!, pero igual su cabecita porfiada sueña con ver el flamenco austral, la gran extensión lunar, el amanecer del altiplano. Estela lo sigue con la mirada soñadora, ríe con sus ocurrencias, parece una jovencita otra vez. La conocen ambos desde que eran niños, su hermano era el soñador, los ojos de sus padres, por cuyas aspiraciones todos apostaban, incluso Estela, pero Estela se casó con él, y Estela no va a ninguna parte; se echa hacia atrás y saborea su venganza privada, íntima.
El hombre delgado disfruta con el entusiasmo de la mujer; sus ojos brillan pero le adivina la frustración en las marcas de su ceño. Le gustaría que lo acompañase, sabe que ella añora la época en que esas marcas no existían y se entristece por su melancolía; se pregunta: si acaso él tuviera en su ánimo la revancha contra el hombre que la desposó; ¿sería dulce su evidente infelicidad?
Porque yo tenía un placard que parecía no tener fondo. El mismo albergaba un universo de cosas variadas y algunas hasta olvidadas. Grande fue su fama y a mucha gente su capacidad impresionó, que a menudo sobre un objeto o prenda preguntaban: ¿Acaso lo sacaste del fondo de tu placard?
jueves, 13 de septiembre de 2012
jueves, 6 de septiembre de 2012
Un poco de actualidad en las noticias (Historia de un embarazo ansiado)
No podríamos estar más contentos. Bastante atareados con nuestras cosas últimamente, pero igual nos deja tiempo para sentirnos felices de vivir esta nueva experiencia.
Para las que esperaban noticias, no me olvidé de que había quedado de contar un poco como fue el largo proceso que nos trajo hasta aquí, así que voy a tratar de hacer una síntesis algo apretada como para empezar.
El año pasado cuando decidimos hacer ovodonación como proyecto posible para nosotros, (ver post del 7/01/12) nos anotamos en una lista para esperar donante, lo cual puede llevar un tiempo de tres a seis meses. Para ser honesta, y porque no puedo omitir referir lo siguiente ya que fue una parte importante del proceso, en el interín tratamos la posibilidad de que nuestra donante fuera una donante conocida (conocida para nosotros). No sé si se hace necesario destacar que si bien en nuestro país no tenemos legislación que zanje la cuestión, la tradición o los usos que siguen las clínicas es hacerlo mediante donante anónima para la pareja; para ello se valen de un sistema que tiene sus propias reglas y está muy aceitado (a pesar de que no hay normativa), como la cantidad de veces que una donante puede donar, el protocolo a seguir, la información y los registros que se manejan interclínicas, etc, hasta ahora ha funcionado todo muy bien.
Pues bien, resulta que para nuestra sorpresa, recibimos más de un ofrecimiento de mujeres que pensaron en ayudarnos aportando "algo más" por así decir, que apoyo espiritual. Aclaro que esto no debería sonar raro para ninguna de las que pasamos por estas cuestiones; cuando se blanquea el hecho de que debemos sortear una incapacidad y para alcanzar nuestro sueño dependemos de que una mujer nos done algunas de sus células, es muy normal y lógico, -como pasa también con algunas enfermedades o dolencias que necesitan un trasplante o alguna materialidad concreta-, que haya gente cercana, que movidas por el cariño quieran ayudar donando sus óvulos. Esto, independientemente de que luego, por distintos motivos sea viable o no.
Para las que esperaban noticias, no me olvidé de que había quedado de contar un poco como fue el largo proceso que nos trajo hasta aquí, así que voy a tratar de hacer una síntesis algo apretada como para empezar.
El año pasado cuando decidimos hacer ovodonación como proyecto posible para nosotros, (ver post del 7/01/12) nos anotamos en una lista para esperar donante, lo cual puede llevar un tiempo de tres a seis meses. Para ser honesta, y porque no puedo omitir referir lo siguiente ya que fue una parte importante del proceso, en el interín tratamos la posibilidad de que nuestra donante fuera una donante conocida (conocida para nosotros). No sé si se hace necesario destacar que si bien en nuestro país no tenemos legislación que zanje la cuestión, la tradición o los usos que siguen las clínicas es hacerlo mediante donante anónima para la pareja; para ello se valen de un sistema que tiene sus propias reglas y está muy aceitado (a pesar de que no hay normativa), como la cantidad de veces que una donante puede donar, el protocolo a seguir, la información y los registros que se manejan interclínicas, etc, hasta ahora ha funcionado todo muy bien.
Pues bien, resulta que para nuestra sorpresa, recibimos más de un ofrecimiento de mujeres que pensaron en ayudarnos aportando "algo más" por así decir, que apoyo espiritual. Aclaro que esto no debería sonar raro para ninguna de las que pasamos por estas cuestiones; cuando se blanquea el hecho de que debemos sortear una incapacidad y para alcanzar nuestro sueño dependemos de que una mujer nos done algunas de sus células, es muy normal y lógico, -como pasa también con algunas enfermedades o dolencias que necesitan un trasplante o alguna materialidad concreta-, que haya gente cercana, que movidas por el cariño quieran ayudar donando sus óvulos. Esto, independientemente de que luego, por distintos motivos sea viable o no.
Nosotros planteamos la cuestión con nuestro médico de tratar la posibilidad; si bien estábamos cómodos con la decisión original de esperar donante anónima, las propuestas recibidas nos pusieron frente a una realidad difícil de desconocer, y decidimos que podíamos tomarnos un tiempo de nuestras vidas para evacuarlo; era ese el momento.
Nos sugirieron que fuéramos todos (por separado) a consultar con una psicóloga que aquí es muy conocida, experta en el tema. La profesional tiene una vasta experiencia y trayectoria en distintos países, muchos de los cuales, aceptan la posibilidad de donante conocida pero admite que no es una solución extensible para todos. Asistir a las consultas fue muy útil y beneficioso, aunque aclaro que por distintos motivos, ésta modalidad no fue posible para nosotros. De todas maneras las clínicas finalmente muestran sus reticencias, en fin, todo se complica si se pretende salir de los canales establecidos.
Nos sugirieron que fuéramos todos (por separado) a consultar con una psicóloga que aquí es muy conocida, experta en el tema. La profesional tiene una vasta experiencia y trayectoria en distintos países, muchos de los cuales, aceptan la posibilidad de donante conocida pero admite que no es una solución extensible para todos. Asistir a las consultas fue muy útil y beneficioso, aunque aclaro que por distintos motivos, ésta modalidad no fue posible para nosotros. De todas maneras las clínicas finalmente muestran sus reticencias, en fin, todo se complica si se pretende salir de los canales establecidos.
El tiempo que pasó fue capitalizable para nosotros de distintas maneras, nos forjó como pareja, hizo mas fuerte (si eso era posible) nuestro deseo y comprendimos que al final del día, estábamos nosotros solos frente a nuestro futuro, nuestra vida en común, y nuestras decisiones. La sonrisa encantadora de la psicóloga cuando hablábamos nos lo confirmaba, en un momento, ante nuestra cara de interrogante por su actitud, como si con su ojo mental estuviera mirando allá lejos, no sé que cosa, nos dijo que era maravilloso aquello por lo que estábamos pasando (aunque nosotros no pudiéramos verlo todavía)
Aún así, viéndolo en perspectiva, agradezco que no nos hayan negado la posibilidad aunque sea de analizar que tan cierta era (en teoría al menos), ya que de otro modo quizás me hubiera quedado ese pendiente de que alguien ajeno se asumió guardián de mi vida y me negó una posibilidad, y ya saben que no hay amor más venerado que aquél que nunca fue....
En fin, para no irme por las ramas ni hacer este post muy extenso; finalmente volvimos a la lista de espera original y al poco tiempo nos avisaron que ya teníamos donante. Fue muy emocionante para nosotros y nos dimos cuenta que no nos había quedado ningún saldo ni duda.
Desde allí fue todo bastante rápido, yo esta vez no tuve que hacer casi nada, salvo la preparación de la matriz y la toma de la medicación para coordinar los ciclos.
Fueron casi dos meses de preparación hasta el día de la transferencia de dos embriones, uno de los cuales se convirtió en el bebé al que he visto crecer a través de las ecografías, del que no conozco su sexo, y que me acompaña, silencioso todavía, mientras escribo.
Pd: Acá van unos enlaces de algunas notas importantes sobre aspectos psicológicos de la ovodonación, escritas por la profesional que menciono, por si les interesa.
Pd: Acá van unos enlaces de algunas notas importantes sobre aspectos psicológicos de la ovodonación, escritas por la profesional que menciono, por si les interesa.
jueves, 16 de agosto de 2012
Relato de Jueves Literario: "El calor"
Hoy la cita es en lo de Ma. José, alli nos vemos.
¡OTRA VEZ SOPA!
María cruza la maciza puerta de ingreso con paso presto. Cegada por la luz del sol estival, con los brazos estirados hacia delante y con su memoria por toda guía, acorta la segura distancia del zaguán, en cuyo extremo está la puerta de vidrios repartidos.
El interior de la casa de sus abuelos la recibe con una penumbra fresca y aliviante. Los olores conocidos la reconfortan. Un vapor fragante le indica que en la olla tapada se cuece un caldo de verduras; puede distinguir el aroma del apio, del laurel y otro vagamente a ahumado. Es sabido que en esta casa se toma religiosamente la sopa, aun si afuera se derrite el alquitrán del asfalto.
María alza la tapa con cuidado para no quemarse; revuelve y ve que en el líquido se mueven concéntricas esferas de transparencia amarilla. Acierta en suponer que el genio de su abuela no la dejó abstenerse de echarle trozos de panceta ahumada. Hace un mohín con la boca; no es que le desagrade, es que con tanto calor hubiera preferido algo frugal para variar. En el horno aun caliente, pero por suerte apagado, reposan unas presas de pollo cocidas.
Sale a la galería trasera. Bajo la parra, la sombra es… poco menos que agradable, fuera de sus límites: el patio y sus frutales yacen estoicos bajo el sol del mediodía.
En el lavadero encuentra a Teresa que luce atareada. Es delgada y de movimientos gráciles; María se pregunta: ¿cuántos años tendrá realmente?. Sabe que es casi tan mayor como su abuela pero la diferencia física es notable. “A esta gente no se le puede saber con certeza la edad” diría alguna vez su abuela sin ánimo descalificante.
-¿Qué haces usando mangas largas con el calor que hace? –le pregunta María a manera de dulce reproche, claro que sin esperar respuesta; de hecho: ya la conoce. Teresa la mira divertida al tiempo que se ata bajo el mentón la capelina de ala ancha. Sale al patio portando un gran cesto con la ayuda de la muchacha. Ella se queda mirándola bajar con destreza las sabanas y toallas secas de la soga. De un tirón despliega el género blanqueado a fuerza de sal gruesa, y en su lugar, queda la soga desnuda y tambaleante. Ni una prenda se le cae.
Teresa tiene la piel morena y por eso: no quiere por nada en el mundo que un rayo de sol ose acentuarle el tono. “En su pellejo ya se han posado demasiados soles”, ello: consecuencia de su vida pasada como trabajadora golondrina; asume que su cuota dérmica está suficientemente cubierta.
Esa mujer, que a fines de los años 30 le tocó vivir junto a su madre la decadencia de los años dorados de los crotos (1), hoy no extraña esa vida, pero asegura haber juntado anécdotas para toda una vida.
En sus jóvenes años conoció bien el universo de los trabajadores que se desplazaban en los trenes de carga a todo lo largo y ancho de la pampa húmeda. Una noche se encontraba durmiendo en los galpones de maní en algún lugar de Córdoba o Santa Fe, otro en los campos de maíz de Buenos Aires, o bien despertaba pronta a trabajar en la zafra de Tucumán.
Había sido este un oficio noble, aunque sufrían las permanentes molestias de la policia. Miles de hombres y algunas pocas mujeres como ellas, habían vivido esta vida de trashumante de las pampas. Necesitados, inmigrantes; libertarios y soñadores otros, se hacían eco de las ideas anarquistas y comunistas de la época. Palabras esas que suele pronunciar en voz más baja.
Teresa no se cansa de repetir con cierto orgullo reivindicatorio que había muchos hombres de intelecto destacado. En sus manos circulaban libro y diarios, y aunque ella apenas sabía leer, afirma que le contaban. Alguna vez le había mostrado a María como armaba su “mono” o “linghera”(2). En la base: la manta para dormir, arriba la ollita, una pava o taza de latón, y por último el fierrito asador con el extremo doblado, del que pendía la pava para calentar cerca de las brasas, el agua para los mates.
Fueron tiempos duros, en que el futuro parecía no llegar jamás; estaba en el extremo de los rieles que se extendían en los campos verdes y amarillos que se perdían lejanos, y se diría: entraban en el firmamento. “Mi casa tenía catorce mil kilómetros de ancho por cuarenta y siete mil de largo, y su dueño vive en Inglaterra, así que no me cobra alquiler”, dice a veces emulando al “Bepo” Ghezzi, -uno de los crotos ilustres-, con convicción debilitada por los años . Luego: ensaya una media sonrisa, su vista aún perdida, -¡Esos eran calores, no macanas! –dice, y rápido enjuga una gota de sudor que asoma en su frente casi con desprecio. Manda a María a apurarse, se escuchan ruidos dentro de la casa; ya pronto el patriarca querrá tomar su sopa.
(1) Los crotos recibieron ese nombre por el gobernador de Buenos Aires, José Camilo Crotto, que debido a una ordenanza en 1920, permitía a los trabajadores golondrinas viajar en los trenes de carga. (2) Linghera o mono (este último aludiendo a los gitanos que lo llevaban encima del hombro), era el atado de trastos, o bagayera: el de ropa. De alli que a la gente que mendiga en las calles se le diga “linyera”. Hoy se le dice croto al que tiene mala traza, o por ejemplo si debo ir a un lugar formal, puede que diga que no, ya que estoy muy crota para eso, o sea que no estoy vestida apropiadamente. Hubo muchos crotos ilustres como el Bepo, tenian su filosofía y códigos. Fue una época especial, que luego decayó junto con los ferrocarriles.
¡OTRA VEZ SOPA!
María cruza la maciza puerta de ingreso con paso presto. Cegada por la luz del sol estival, con los brazos estirados hacia delante y con su memoria por toda guía, acorta la segura distancia del zaguán, en cuyo extremo está la puerta de vidrios repartidos.
El interior de la casa de sus abuelos la recibe con una penumbra fresca y aliviante. Los olores conocidos la reconfortan. Un vapor fragante le indica que en la olla tapada se cuece un caldo de verduras; puede distinguir el aroma del apio, del laurel y otro vagamente a ahumado. Es sabido que en esta casa se toma religiosamente la sopa, aun si afuera se derrite el alquitrán del asfalto.
María alza la tapa con cuidado para no quemarse; revuelve y ve que en el líquido se mueven concéntricas esferas de transparencia amarilla. Acierta en suponer que el genio de su abuela no la dejó abstenerse de echarle trozos de panceta ahumada. Hace un mohín con la boca; no es que le desagrade, es que con tanto calor hubiera preferido algo frugal para variar. En el horno aun caliente, pero por suerte apagado, reposan unas presas de pollo cocidas.
Sale a la galería trasera. Bajo la parra, la sombra es… poco menos que agradable, fuera de sus límites: el patio y sus frutales yacen estoicos bajo el sol del mediodía.
En el lavadero encuentra a Teresa que luce atareada. Es delgada y de movimientos gráciles; María se pregunta: ¿cuántos años tendrá realmente?. Sabe que es casi tan mayor como su abuela pero la diferencia física es notable. “A esta gente no se le puede saber con certeza la edad” diría alguna vez su abuela sin ánimo descalificante.
-¿Qué haces usando mangas largas con el calor que hace? –le pregunta María a manera de dulce reproche, claro que sin esperar respuesta; de hecho: ya la conoce. Teresa la mira divertida al tiempo que se ata bajo el mentón la capelina de ala ancha. Sale al patio portando un gran cesto con la ayuda de la muchacha. Ella se queda mirándola bajar con destreza las sabanas y toallas secas de la soga. De un tirón despliega el género blanqueado a fuerza de sal gruesa, y en su lugar, queda la soga desnuda y tambaleante. Ni una prenda se le cae.
Teresa tiene la piel morena y por eso: no quiere por nada en el mundo que un rayo de sol ose acentuarle el tono. “En su pellejo ya se han posado demasiados soles”, ello: consecuencia de su vida pasada como trabajadora golondrina; asume que su cuota dérmica está suficientemente cubierta.
Esa mujer, que a fines de los años 30 le tocó vivir junto a su madre la decadencia de los años dorados de los crotos (1), hoy no extraña esa vida, pero asegura haber juntado anécdotas para toda una vida.
En sus jóvenes años conoció bien el universo de los trabajadores que se desplazaban en los trenes de carga a todo lo largo y ancho de la pampa húmeda. Una noche se encontraba durmiendo en los galpones de maní en algún lugar de Córdoba o Santa Fe, otro en los campos de maíz de Buenos Aires, o bien despertaba pronta a trabajar en la zafra de Tucumán.
Había sido este un oficio noble, aunque sufrían las permanentes molestias de la policia. Miles de hombres y algunas pocas mujeres como ellas, habían vivido esta vida de trashumante de las pampas. Necesitados, inmigrantes; libertarios y soñadores otros, se hacían eco de las ideas anarquistas y comunistas de la época. Palabras esas que suele pronunciar en voz más baja.
Teresa no se cansa de repetir con cierto orgullo reivindicatorio que había muchos hombres de intelecto destacado. En sus manos circulaban libro y diarios, y aunque ella apenas sabía leer, afirma que le contaban. Alguna vez le había mostrado a María como armaba su “mono” o “linghera”(2). En la base: la manta para dormir, arriba la ollita, una pava o taza de latón, y por último el fierrito asador con el extremo doblado, del que pendía la pava para calentar cerca de las brasas, el agua para los mates.
Fueron tiempos duros, en que el futuro parecía no llegar jamás; estaba en el extremo de los rieles que se extendían en los campos verdes y amarillos que se perdían lejanos, y se diría: entraban en el firmamento. “Mi casa tenía catorce mil kilómetros de ancho por cuarenta y siete mil de largo, y su dueño vive en Inglaterra, así que no me cobra alquiler”, dice a veces emulando al “Bepo” Ghezzi, -uno de los crotos ilustres-, con convicción debilitada por los años . Luego: ensaya una media sonrisa, su vista aún perdida, -¡Esos eran calores, no macanas! –dice, y rápido enjuga una gota de sudor que asoma en su frente casi con desprecio. Manda a María a apurarse, se escuchan ruidos dentro de la casa; ya pronto el patriarca querrá tomar su sopa.
(1) Los crotos recibieron ese nombre por el gobernador de Buenos Aires, José Camilo Crotto, que debido a una ordenanza en 1920, permitía a los trabajadores golondrinas viajar en los trenes de carga. (2) Linghera o mono (este último aludiendo a los gitanos que lo llevaban encima del hombro), era el atado de trastos, o bagayera: el de ropa. De alli que a la gente que mendiga en las calles se le diga “linyera”. Hoy se le dice croto al que tiene mala traza, o por ejemplo si debo ir a un lugar formal, puede que diga que no, ya que estoy muy crota para eso, o sea que no estoy vestida apropiadamente. Hubo muchos crotos ilustres como el Bepo, tenian su filosofía y códigos. Fue una época especial, que luego decayó junto con los ferrocarriles.
jueves, 26 de julio de 2012
La felicidad, aun no tiene nombre
Hace un tiempo que sueño en colores; eso no es ninguna rareza dirán, pero lo sé porqué al despertar recuerdo con nitidez los colores de los objetos soñados, y no recuerdo que mis sueños tuvieran antes esa particularidad. Alguien dijo que los colores reflejan el buen ánimo, y yo deduzco que el mio debió haber sido muy bueno, porqué sonaron las campanas, hubo batir de alas y flamante luz se prendió de la cola de la última estrella, porque una mañana temprana: nos regalo el porvenir nuevo.
Estoy cursando la semana 13 de embarazo, y estamos felices....,temerosos al principio, casi no hablábamos siquiera entre nosotros por temor a que las palabras pronunciadas rompieran el hechizo, de a poco, infundiéndonos mutuo coraje, avanzamos a través de los días quietos.
Por fuera todo parece igual, apenas unos tontos malestares que mi cuerpo acusa extraños pero añoraba, atestiguan que dentro la vida se abre paso.
Es una realidad tangible...tiene peso y medida; coincidimos que llegó el momento de empezar a creérnosla.
En otro momento prometo relatar más detalles para mis compañeras de ruta que sé están ahí y desean conocerlos, por ahora, solo tengo palabras para dar a conocer la feliz noticia.
Gracias por la visita
Estoy cursando la semana 13 de embarazo, y estamos felices....,temerosos al principio, casi no hablábamos siquiera entre nosotros por temor a que las palabras pronunciadas rompieran el hechizo, de a poco, infundiéndonos mutuo coraje, avanzamos a través de los días quietos.
Por fuera todo parece igual, apenas unos tontos malestares que mi cuerpo acusa extraños pero añoraba, atestiguan que dentro la vida se abre paso.
Es una realidad tangible...tiene peso y medida; coincidimos que llegó el momento de empezar a creérnosla.
En otro momento prometo relatar más detalles para mis compañeras de ruta que sé están ahí y desean conocerlos, por ahora, solo tengo palabras para dar a conocer la feliz noticia.
Gracias por la visita
jueves, 19 de julio de 2012
Relato de Jueves Literario: "La curiosidad mató al gato"
Esta semana la reunión es en casa de Tere del blog: Puntos Suspensivos, allá vamos para comprobar cuanto hay de mortal en la curiosidad.
AMORES QUE MATAN
El ruido del motor cede por unos instantes y su lugar es tomado por el ruido del oleaje que golpea los flancos de la embarcación de madera, a medida que ésta se acerca muy despacio al muelle. Elisa desciende con cuidado, tanteando con firmeza los listones carcomidos. Hace años que nadie viene a esta casa, “¿y quién lo haría?”, se pregunta; a excepción de su tía Alma, no supo jamás de nadie que hubiera estado a gusto en esta isla remota del Delta del Paraná. Aquí solo hay pajonales crecidos, el rastro seco de hortensias muertas y coronas de novia rotas.
El cielo esta encapotado de nubes plomizas; Elisa alza la vista y recibe un guiño flamígero que toma por mal designio. Pronto, la amenaza de lluvia es un hecho, el agua castiga la desvencijada casa ayudada por el viento, que parece soplar en todas las direcciones. Distraída, deambula por las habitaciones; sobre una repisa polvorienta encuentra un colgante cuyo dije encierra una pluma castaña de caburé, una posesión preciada que colgaba del pecho de su tía; “es para la buena fortuna” recuerda; lo pasa por su cabeza y aprieta el dije contra el pecho para recibir algo de calor imaginado.
A buen resguardo en el interior, Elisa se dedica a observar la drástica mutación del paisaje con ojos desvinculados. El viento sacude el follaje, las aguas antes calmas ahora corren embravecidas, tiran de las ramas del sarandí inclinado; las barbas de viejo se quiebran bajo el espanto. “Mala estrella, mala conjunción de aguas” piensa Elisa mientras se sujeta con fuerza de la benevolencia que le promete el dije colgante. ¡Nada bueno puede salir de esa unión de fuerzas!; sudestada implacable que arrastra cuanto puede, incluso a ella misma que aquí se halla; y las otras: las de sedimento rojizo, cuyo rumor de tromba ya escucha descender desde el Bermejo. Callan los picaflores y las calandrias; danzan campanillas amarillas lanzadas al aire; en la profundidad de las islas: el ceibo suspira aliviado.
“¿Qué más traerá la crecida además de camalotes y barro en los pantanos?,...¿qué más se llevará?”, y por respuesta algo recio como un apretón de manos firmes le revuelve el estómago, y le desparrama la angustia salida de los rincones más oscuros de un corazón llagado. Su boca testimonia el sabor de la leche agria, de la vejez prematura y de un vientre infructuoso. Paladea el profundo desconsuelo que ahogó la voluntad de su tía.
En la pared más alejada pende un espejo, Elisa se le acerca sintiendo el abatimiento de sus pasos; en sus oídos resuena la letra de un viejo vals:..."Alma, si tanto te han herido, ¿porqué, te niegas al olvido?...” ¡No!, no quiere ver en su cara las huellas del desamor ajeno, pero una curiosidad malsana la impulsa; las sombras de la llama se contornean en la sala; arrima la luz a la altura de una boca descolorida, los ojos apagados; Elisa apenas contiene un grito apretado, que suena como chasquido de fusta en el aire.
El ruido del motor cede por unos instantes y su lugar es tomado por el ruido del oleaje que golpea los flancos de la embarcación de madera, a medida que ésta se acerca muy despacio al muelle. Elisa desciende con cuidado, tanteando con firmeza los listones carcomidos. Hace años que nadie viene a esta casa, “¿y quién lo haría?”, se pregunta; a excepción de su tía Alma, no supo jamás de nadie que hubiera estado a gusto en esta isla remota del Delta del Paraná. Aquí solo hay pajonales crecidos, el rastro seco de hortensias muertas y coronas de novia rotas.
El cielo esta encapotado de nubes plomizas; Elisa alza la vista y recibe un guiño flamígero que toma por mal designio. Pronto, la amenaza de lluvia es un hecho, el agua castiga la desvencijada casa ayudada por el viento, que parece soplar en todas las direcciones. Distraída, deambula por las habitaciones; sobre una repisa polvorienta encuentra un colgante cuyo dije encierra una pluma castaña de caburé, una posesión preciada que colgaba del pecho de su tía; “es para la buena fortuna” recuerda; lo pasa por su cabeza y aprieta el dije contra el pecho para recibir algo de calor imaginado.
A buen resguardo en el interior, Elisa se dedica a observar la drástica mutación del paisaje con ojos desvinculados. El viento sacude el follaje, las aguas antes calmas ahora corren embravecidas, tiran de las ramas del sarandí inclinado; las barbas de viejo se quiebran bajo el espanto. “Mala estrella, mala conjunción de aguas” piensa Elisa mientras se sujeta con fuerza de la benevolencia que le promete el dije colgante. ¡Nada bueno puede salir de esa unión de fuerzas!; sudestada implacable que arrastra cuanto puede, incluso a ella misma que aquí se halla; y las otras: las de sedimento rojizo, cuyo rumor de tromba ya escucha descender desde el Bermejo. Callan los picaflores y las calandrias; danzan campanillas amarillas lanzadas al aire; en la profundidad de las islas: el ceibo suspira aliviado.
“¿Qué más traerá la crecida además de camalotes y barro en los pantanos?,...¿qué más se llevará?”, y por respuesta algo recio como un apretón de manos firmes le revuelve el estómago, y le desparrama la angustia salida de los rincones más oscuros de un corazón llagado. Su boca testimonia el sabor de la leche agria, de la vejez prematura y de un vientre infructuoso. Paladea el profundo desconsuelo que ahogó la voluntad de su tía.
En la pared más alejada pende un espejo, Elisa se le acerca sintiendo el abatimiento de sus pasos; en sus oídos resuena la letra de un viejo vals:..."Alma, si tanto te han herido, ¿porqué, te niegas al olvido?...” ¡No!, no quiere ver en su cara las huellas del desamor ajeno, pero una curiosidad malsana la impulsa; las sombras de la llama se contornean en la sala; arrima la luz a la altura de una boca descolorida, los ojos apagados; Elisa apenas contiene un grito apretado, que suena como chasquido de fusta en el aire.
jueves, 12 de julio de 2012
Premio
La querida amiga Leonor desde su: blog de fotos que es un encanto, y que recomiendo visitar; de su tierra cálida de playas de arenas tostadas y mar azul, me ha honrado con el siguiente premio:
Gracias Leonor, atesoro este gesto junto a las lindas palabras que me dedicaste.
Deseo hacer extensivo este premio a todos los amigos bloggeros cuyas palabras añoro, busco y me alimentan. Gracias por visitarme.
jueves, 5 de julio de 2012
Relato de Jueves Literario: "Tus fantasías secretas"
Esta semana la convocatoria la lidera San del blog: Y nacimos casualmente, y la consigna es plasmarla en solo 150 palabras. A su casa vamos por más fantasías
SUEÑO EN COLORES
Cierra los ojos, se sueña lejos, donde la pampa corre llana sin fin y el horizonte fue borrado. Los colores son vívidos, convidan al tacto. Las aletas de la nariz se ensanchan ávidas de aire seco que astringe los pastos.
Se extienden los parches de terciopelo verde brillante, se mece la gramilla suave; no amenaza con exhuberancia la vegetación, ni puntas ni pústulas, lejos la selva.
Se amontona la luz en los granos maduros alineados en las mazorcas de maíz; a lo suyo el chingolo: silbidos cortitos seguidos de portentoso trino; el zorzal de esmerado canto, solo tiene sonidos de calma, ¡malo para imitar!
Calienta la sangre el sol, arrebata y tiñe las mejillas, la mano escarba: húmeda, naranja, se deshilacha la pulpa de la calabaza.
En dimensión paralela quedaron los reclamos de niños, hogar, trabajo; sobre la mesa: los tintes violetas de un vino flotando mitad de copa, consuela.
SUEÑO EN COLORES
Cierra los ojos, se sueña lejos, donde la pampa corre llana sin fin y el horizonte fue borrado. Los colores son vívidos, convidan al tacto. Las aletas de la nariz se ensanchan ávidas de aire seco que astringe los pastos.
Se extienden los parches de terciopelo verde brillante, se mece la gramilla suave; no amenaza con exhuberancia la vegetación, ni puntas ni pústulas, lejos la selva.
Se amontona la luz en los granos maduros alineados en las mazorcas de maíz; a lo suyo el chingolo: silbidos cortitos seguidos de portentoso trino; el zorzal de esmerado canto, solo tiene sonidos de calma, ¡malo para imitar!
Calienta la sangre el sol, arrebata y tiñe las mejillas, la mano escarba: húmeda, naranja, se deshilacha la pulpa de la calabaza.
En dimensión paralela quedaron los reclamos de niños, hogar, trabajo; sobre la mesa: los tintes violetas de un vino flotando mitad de copa, consuela.
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