sábado, 25 de septiembre de 2010

La infertilidad y los "otros"

No es que me sienta mirando a los “otros” con la ñata contra el vidrio, puesto que la vida no nos divide con vidrios.
Acá las fértiles, allá los afortunados, mas allá los descastados, mas cerca los pelados...No, nada de eso.
La categorización se nos pega de a poco. En la calle. Con los roces y el cruce de miradas, hasta adquirir una asentada incomodidad.
Es el distingo del que fue advirtiéndose mi conciencia, y me lo hace sentir nítidamente con pinchazos en la boca del estomago, al ver una mujer embarazada.
Y me grita que yo no pertenezco a la categoría de las mujeres que conciben.
Pero más allá de esta conciencia interna, y excluyendo a familiares y amigos, para los “de afuera” nuestras apariencias no nos distinguen de los demás.
Los vecinos del consorcio, las porteras del edificio, las cajeras del supermercado, nos verán quizás como dos seres frívolos y egoístas. Aunque de seguro lo hacen con total indiferencia, ya que hasta el momento no han dado muestras de verse afectados por la curiosidad o el interés.
La curiosidad aparece más intensa en mi lugar de origen.
Porque los que tienen memoria y me han visto de chica, hacen inevitablemente la cuenta...y claro,...se preguntan...Pero yo no vivo allí!
Hace un par de años atrás, estando en casa de mi padre de visita, pasé caminando por la casa de mi amiga de la infancia, y estaba su madre barriendo la vereda.
Me detengo a saludarla y ella me pregunta por mi descendencia, y ante mi respuesta negativa ella me replica con su sonrisa impertérrita, su corte de pelo carré y su voz aguda:
-Ayyy! Pero que vaguitaaa! (que concluyó en diminutivo para que no sonara tan agresivo)
Y continua: -M. (mi amiga de la infancia), ya tiene dos chicos, los tengo durmiendo en mi habitación a la gorda y el gordito!
Debo decir que me shockeó la inferencia directa que hizo ante mi respuesta.
Por lo general ante la presencia de una mujer con “algunos” años sin hijos, (sé que tiene que ver con la experiencia personal), se suele asumir que tiene alguna imposibilidad.
O, se asume como suelen hacerlo algunas viejas, que como hoy la mujer tiene carrera y proyectos que postergan la maternidad, la falta de hijos se debe al egoísmo mas puro.
Ella, mi ex vecina, asumió rápidamente que mi falta de hijos era absolutamente deliberada, y me juzgó con una ligereza increíble.
Como si fuera una perezosa incurable, y pese a mis años no tuviera ganas de juntar la energía y responsabilidad necesarias para afrontar la maternidad.
La felicité, le dejé saludos para mi antigua amiga y me despedí de ella sin sacarla de su error. (A estas alturas ya debe estar enterada de mis pormenores)
Y ella se quedó mirándome con su escoba en mano, porque la ví de reojo cuando ingresé a la casa de mi padre, que dista a dos casas de la suya.
No sé, pero quizás en esos momentos ella, -que con su sonrisa y vocecita es capaz según la recuerdo, de hacer los comentarios más mal intencionados-, se quedó haciendo un balance de las cosas buenas que tiene en su vida, y agrandó su sonrisa arrogándose todo el crédito.
A veces somos pretenciosos y reclamamos el mérito completo por todo lo que nos sale bien, y desconocemos el grado que le cupo a la suerte y la oportunidad.
No voy a decir que a los actos positivos no le siguen consecuencias positivas, ya que la relación se ve más claramente. Pero que hay de las omisiones?
De esas cosas que no están en nuestras vidas y de las que nos damos cuenta cuando nos medimos con los demás.
Con gente que estuvo en el mismo lugar, rezó las mismas oraciones, que no hizo las cosas mejor ni peor, y sin embargo le tocó jugar con cartas distintas en la vida.
Y si en mi hogar no falta el amor ni falta el trabajo, mi prole vive todavía bajo mi regazo, la infertilidad no tocó mi puerta y la muerte pasó de largo mi casa. Puedo cargármelas a mi cuenta?
En eso recordé un capítulo de Los Simpsons en el cual Springfeeld había tenido problemas con unos osos que había causado destrozos en la ciudad y la gente asustada había empezado una campaña de prevención contra osos.
Las patrullas circulaban custodiando. Luego Homero le dice a Liza que lo de las patrullas había dado resultado porque no se veían osos.
Entonces Liza que tenía (creo una piedra) en la mano le dice, yo tengo esta piedra que tiene poder de repeler los osos. Ves algún oso por acá?
-No. –Entonces la piedra funciona! Y lo mira como demostrando su punto.
Y Homero luego de una pausa le dice...Liza, te compro la piedra!
Desde ese cruce vecinal, se me ha puesto en la cabeza que su interés y curiosidad puesta en mi familia, no es más que para confirmar que las carencias siguen ausentándose de su vida. Y así, cuando alguna vez se apareció por la casa de mi padre para interiorizarse de su salud...
-Como anda Don J.? –Se anduvo haciendo el loco...? (con vocecita aguda y pretendidamente graciosa)
...Pudo desandar después los pasos que separan su casa de la de mi padre, sintiéndose satisfecha con su vida. Convencida tal vez de que reza la oración adecuada, o toca la piedra correcta.
O quizás yo estoy siendo mala con ella, y de verdad se conduele de cualquier situación desagradable que le pase a mi familia, y estoy simplemente agarrándomela contra la madre de mi amiga de la infancia.
Que se yo!...bueno...por ahí es así, no?...Uff!...-Sabés que?
-Isabel!...Te compro la escoba!

sábado, 11 de septiembre de 2010

La infertilidad y los amigos.

RAT y Yo somos una pareja infértil, pero además de nuestra vida de pareja, tenemos una vida social. Tenemos familiares y también varios amigos.
Comentando el blog de Pachu el otro día, me quedé pensando en como se lleva nuestra infertilidad con los tiempos de los amigos.
Vale decir, en como sobrellevamos nuestro tema de la infertilidad, mientras en los tiempos de los amigos los embarazos se producen, los nacimientos se suceden, uno detrás de otro, y se celebran bautismos y cumpleaños.
La verdad es que cuesta a veces, pero sin exagerar, creo que nos llevamos bastante bien.
Nuestros amigos son gente comprensiva y demuestran sincero interés por nuestro bienestar, y una empatía natural, aquellos que pasaron por lo mismo.
Por nuestra parte siempre fuimos muy abiertos, de manera que la mayoría tuvo oportunidad de acompañarnos desde el principio de nuestro derrotero.
Y como el tema éste de buscar descendencia para una pareja infértil, es una cuestión que lleva años, resulta que hasta el más distraído e indiferente, ha tenido tiempo suficiente para sumarse en el acompañamiento.
Lejos de molestarme, me halaga que aún tratándose de temas complicados, quieran saber de ellos.
A todos los amigos, familiares, colegas, compañeros de trabajo, también les pasó el tiempo.
Todos están más viejos. Algunos más calmados y más tolerantes, y la mayoría más sabios.
Somos gente de una generación que en los 90 pensábamos que nos íbamos a llevar por delante el mundo, que la bonanza económica nos acompañaría siempre, que las promesas universitarias se concretarían todas, y que la paridad 1 peso = 1 dólar permanecería inalterada.
A su debido tiempo, caímos en la cuenta de que la vida tiene por costumbre proponernos su propio plan, y que la mejor posibilidad de éxito que tenemos, es encontrar el espacio para acomodarnos dentro de la propuesta.
Tenemos una amiga querida, quién con su marido, siempre han estado cerca y pendientes de nuestros asuntos.
Como cualquier grupo de amigos que se juntan y hablan de sus planes y proyectos de vida, a ella hace unos años la escuchaba hablar de sus hijos futuros como si tuvieran una existencia asegurada.
Podían surgir en una conversación cualquiera, situaciones hipotéticas en la cuales “la nena y el nene”, andarían haciendo de las suyas.
Con candor admirable hacía cuentas acerca de los momentos oportunos, y tenía cuidadosamente delineados, aspectos importantes de la crianza de los hijos.
Me resulta admirable y me da un poco de celos, que haya personas que puedan sin la menor sombra de duda en sus corazones, visualizar el objeto de sus deseos.
Yo, me permito soñar. Pero no me sale –a menos que lo haga concienzudamente-, dar por sentada la existencia de quién no la tiene.
Sus manifestaciones del más puro convencimiento interior siempre encontraron por reciprocidad una oreja en mí, porque siempre tuve de ella su más esmerada atención al escucharme.
Ambos han estado siempre cerca de nosotros, poniendo su mejor esfuerzo para entender las cosas que se salen de sus cauces y que no obedecen a una estructura determinada. Nos han visto adaptarnos a las circunstancias, y mientras revuelven el café -al que le agregaron un azúcar integral de gránulos grandes que se apelmazan en bolitas pegajosas, pero comulga apropiadamente con nuestras exigencias de una dieta de productos integrales y orgánicos-, aceptan sin quejas aportar las pequeñas adaptaciones que nuestros nuevos hábitos les imponen.
Sus mentes nos siguen y tratan de concebir con nosotros lo que les resulta difícil de concebir, y lo hacen porque nos estiman.
Hoy nuestros amigos están casados y son padres, aunque últimamente la vida les reclamó un poco de independencia, desbaratándoles de momento el plan que tenían trazado para su vida familiar.
Días atrás, con ojos comprensivos, ésta amiga en sus palabras nos dijo que:...para alguien tan estructurada como ella, entendía ahora cuan duro puede ser esperar sin tener certezas...
Yo deseé que en el intercambio de miradas, fuera para ella algo de mi resignada superación, y viniera a mí de ella, algo de su obstinada confianza en el futuro.

jueves, 26 de agosto de 2010

Que puede encontrarse UNA en la sala de espera?

Después de poco más de dos años de ser paciente del Hospital de Clínicas, volví a consultar en un centro privado de fertilidad.
Es el mismo donde me realicé los dos primeros protocolos de baja complejidad. Salvo que esta vez fui con el médico director del centro, dispuesta a quemar los últimos cartuchos.
El cambio fue sustancial “nuevamente”, y hablo de las apariencias.
En cuanto al tema médico académico, no podemos decir que alguno/s posean conocimientos revolucionarios en el tema, que los distingan de otros.
Las diferencias que sí existen y son a las que apunto en esta oportunidad, están en los detalles. Que a la postre son importantes porque ya sabemos, que la suma de estos favorecen los buenos resultados, y ayudan a contrarrestar los pronósticos adversos.
Entre ellos: el manejo de la técnica, el manejo embriológico, las condiciones del laboratorio, calidad de diagnóstico, etc.
Cuestiones éstas que en el Hospital de Clínicas, pese a la dignísima atención médica que presta el servicio, lamentablemente tienen un techo.
Para muchas de sus pacientes, enhorabuena, el techo quedará muy arriba. Pero para una cuya patología no ayuda, y en lo que constituye el aspecto sustancial del problema, no hay mucho nuevo por intentar.
De manera que lo novedoso tendrá que consistir en sumar los detalles. Que estén todos lo mejor pulidos y alineados.
Ahora, las apariencias...son un tema aparte.
Empezando por la sala de espera. Confieso que fue un poco raro volver a una con cómodos sillones, con revistas y tele prendida suspendida en una pared tabique. La verdad es que no esperaba volver!
La sala de espera situada en el quinto piso del Hospital de Clínicas está siempre atiborrada de gente. Nadie va con turno horario, sino que por orden de llegada, -que por razones administrativas debe ser antes de las 9:30 de la mañana-, se anotan en una lista de pacientes, para ser atendidos por algún médico del equipo.
Por esta razón, -porque hay que estar desde temprano para asegurarse un lugar en la lista-, es que hay mucha gente esperando al mismo tiempo en el mismo lugar, y la espera se puede prolongar por varias horas.
De hecho cada vez hay más sillas acomodadas en los pasillos, lo que denota la buena disposición para contener a toda esa gente.
Igual la espera, que en mi caso ha llegado a ser de más de tres horas, llega a desesperar.
Pero aprendí a amenizarla llevándome lectura y armándome de mucha paciencia.
Se nota “a la legua” quienes van por primera vez, porque a medida que pasa el tiempo se quejan en voz alta, miran al resto de los pacientes para ver si alguien se adhiere a la queja, y van a reclamarle a la administrativa por todo el rato que llevan esperando. Claro que al cabo de unas cuantas consultas y de algún que otro protocolo ya cumplido, se concluye que mejor es acomodarse y procurarse una actividad como leer, conversar o adelantar trabajo.
Las primerizas suelen ir acompañadas con su pareja, o algunas madres. Pero como el tiempo de espera es mucho y tedioso, y los maridos suelen trabajar, la regla general es ver mujeres solas, que se agrupan en racimos de conversadoras incansables.
Yo solía cruzar conversación con alguna de las tantas caras que a veces veía repetida, para comentar novedades. Aunque la mayoría de las veces me acomodaba tranquila y me avocaba de lleno a leer el libro que tuviera en manos.
No tengo reparos en decir que para las que calentamos silla desde hace rato, resulta un poco irritante escuchar hablar a las primerizas de historias que van y vienen, se distorsionan, de mitos que circulan, a las que son tan afectas!
Con el tiempo todas estas cuestiones se relativizan, y uno se queda con el trato originado por la cortesía, para saber cómo está el otro, como le fue...
No quiero desmerecer las historias personales, pero en mas de una oportunidad me he quedado encerrada entre ávidas charlatanas, mientras trataba con gran dificultad de dar vuelta la página de mi libro!
Ahora bien, en la sala de espera a la que volví, no se entablan conversaciones extensas, ya que los tiempos de espera no son tan prolongados. Y las mujeres concurren la mayoría con sus parejas.
No quiero inferir con esto que los maridos no trabajen! Pero la flexibilidad de los turnos y el hecho de que se pueda acomodar la consulta por la tarde o bien entrada ésta, seguro ayuda. A diferencia del hospital donde la atención es por la mañana (TOODA la mañana).
Y mi preferida es que ahora puedo matar el tiempo de espera mirando la tele, u hojeando alguna revista de moda, de esas que en mi casa no hay.
Y fíjate que una se puede enterar de cosas “interesantes”, como que en la revista SU, se hizo un concurso de cartas de amor para el día de San Valentín.
Supuestamente las lectoras mandaban cartas que alguna vez les habrían escrito un ex novio, un marido etc. El concurso ya tenía sus resultados y estaban publicados el tercer y segundo premio, y la primera aparentemente se había ganado un viaje para dos personas a Playa del Carmen.
Ya saben que es difícil juzgar con cierta objetividad una carta de amor, justamente por lo que es. Vista desde afuera siempre parece un poco cursi, o algo pedorra, o está mal escrita,..en fin: es difícil.
De ahora en más, voy a prestar especial atención a los concursos de revistas que no compro. Porque convengamos, que aunque no tengo, bien podría haber inventado una "hermosa y emotiva" carta de amor, atribuírsela a cualquiera en mi vida, y quién dice...el pasado verano no me embaracé, pero por ahí me ganaba un viaje a Playa del Carmen!

viernes, 13 de agosto de 2010

Allá arriba: Buenos Aires






El cuello llega a doler de tanto erguir la cabeza para elevar la mirada, pero vale la pena!
Es que mirar Buenos Aires por encima de las calles, su gente, autos, -esa horizontalidad que atrapa nuestra mirada cotidiana-, nos brinda una perspectiva distinta de la ciudad.
No es extraño que después de apuntar la mirada hacia arriba, la ciudad parezca dividirse sensorialmente en dos dimensiones.
La de abajo. Terrenal, acostumbrada y humana.
Y la de allá arriba. Distante, silenciosa y majestuosa. Donde reinan la piedra, cúpulas y torres.
Si no fuera porque el estado conservado de los edificios, sus ventanas abiertas y sus balcones floridos nos indican que son actualmente habitados; Y de no ser porque se siente que en la superficie bulle la vida de una ciudad; Y se filtra en las alturas el mundanal ruido; Y estallan en ocasional vuelo las palomas espantadas por los estruendos de escapes y bocinas impertinentes; Parecería que la mitad de ciudad que se codea con las nubes, tiene una existencia propia y diferenciada.
Donde el cemento y las estructuras prevalecen, y nos dan apenas una muestra inacabada de eternidad, a sus moradores de abajo.

(Las fotos son cortesía de RAT)

viernes, 30 de julio de 2010

Manías: 2da. parte: Del singular hobby de un hombre llamado RAT





Estas son algunas de las fotos que RAT le saca a mis comidas (no a todas) y que guarda en un archivo de imagenes.
Mas de uno, ya se estará preguntado el porqué y para qué RAT se molesta en ocupar valioso espacio del disco rígido con ellas! Respuestas:
-Es para refregarselas a sus amigos?
-Naaa! (Para eso los invitamos a comer en casa como Dios manda!)
-Será que las usa en la promoción de alguna cadena de restaurantes?
-No, no es!
-O acaso las reserva para flagelarse contemplandolas, en esas ocasiones en que la heladera reporta la mísera existencia de dos huevos, una papa con brotes y un pote de queso crema por la mitad?
-No, nada de eso!
Es que mi querido, que es un sibarita y un artista, se conmueve con el brillo que refleja la untuosidad que le dá el aceite de oliva a unos fideos con tomate.
Le causa placer ver los vegetales grillados en alegre unión de colores. U observar la sombra que provocan las hebras de queso rallado, en el profundo púrpura de una sopa de remolachas!!
Se tienta de perpetuar la imágen de la preparación, y me pide unos minutos antes de servir. Así se apura a buscar la cámara para tomar la fotografía, antes de deshacer lo que él llama: la composición del plato.
-Y yo?
-Halagadísima! gracias.-

martes, 20 de julio de 2010

Un Bob Marley bajo cero!

Fuera de mi edificio, y prácticamente bajo mi ventana del primer piso, pasa sus horas un linyera que adoptó el barrio como propio.
Se apareció hace poco menos de un año según recuerdo. Es un personaje algo raro. Joven, flaquito y su aspecto físico más llamativo lo constituyen unas largas rastas de pelo enredado que son coronadas en la parte superior de su cabeza, con una gorra de lana eterna.
Es algo impresionante verle esa mata de pelo espeso que forma una entidad maciza y tiesa, que siendo él tan menudo, le cubre media humanidad.
Me figura un animal salvaje y peludo que se le escurriera por debajo de la gorra, y en su huída a tierra, hubiera sido paralizado en una instantánea, cuando promediaba la mitad de su espalda.
Parece estar siempre alegre. Tiene una manera cantarina de hablar elevando agudamente el final de las palabras, y saluda a los vecinos, gritando de una vereda a la otra.
Al principio nos sentimos todos un poco intimidados, hasta que nos acostumbramos a su presencia, y a oírlo desde el interior de nuestras casas.
Con decir que alguna vez se especuló entre los vecinos de imaginación más fertil, que el mentado linyera no sería tal, sino alguien encubierto que estuviera cumpliendo algún servicio de inteligencia para la policía, SIDE o alguno de esa talla.
Sus conductas eran y siguen siendo algo extrañas, pero ya dejamos de prestarle atención.
Llega a sentarse a su rincón preferido, pegado a la ochava de una esquina, todos los días excepto los domingos a eso de las once de la mañana. Y se va a eso de las seis de la tarde.
Jamás pernocta en el lugar. Nunca pide y no tiene el deterioro típico de la gente que hace tiempo está en la calle. Se lleva su comida para el mediodía, fuma, escucha radio, lee el diario, y por referencia propia, -porque paso caminando a su lado cuando voy a tomar el subte-, sé que no apesta.
Está siempre atento a los movimientos de la gente, y habla con todo el que le dirija la palabra.
Lo he escuchado hablar con los paseadores de perros, las porteras de los edificios y la gente vecina, y puedo afirmar que habla con mucha coherencia y está siempre informado.
Sería más entendible para todos, si se le encontrara la motivación al acto repetido. La razón de la rutina, el cumplimiento de horario y actividad.
De lo contrario, nadie entiende porqué se empeña hace un año, en sentarse en el mismo lugar, en ver la misma panorámica, la misma gente.
Acaso no siente ganas de ceder a la tentación de sentarse en otra esquina, de cambiar de barrio y de aire?
A mi entender, y casi con la misma energía y esfuerzo que cualquiera hace su trabajo, este emulador del jamaiquino más famoso, a diario procura con saludos y palabras amables el trato de la gente. A veces recibe a cambio palabras azarosas y apuradas, y otra mas afortunadas, un dialogo completo de pensamientos cruzados.
Evidentemente no lo descorazona la paga en términos desproporcionados. Todo un día de esfuerzos, por la suma de minutos de intercambio humano.
Sin dudas, se decidió por cultivar en el tiempo y a fuerza de permanecer tenazmente en la porción de barrio elegida, la semilla de la confianza entre la gente...Y hasta podría adivinarse que en sus aspiraciones mas soñadas y elevadas, esta la de la amistad!
Así lo he visto soportar el calor de la ciudad, en pesado silencio, con su gorra siempre encasquetada sobre sus rastas, -sin ánimo de hacer concesiones-, aguantando la brutalidad del verano en sus peores horas.
Hace unos días que llueve y hace muchísimo frío en Buenos Aires, y el silencio que trae de afuera la húmeda bruma, me hace pensar furtivamente que el linyera no está.
Hasta que salgo y lo veo encaramado en su esquina, con su pintoresquismo desvanecido bajo un impermeable, empecinado y cultivador en estación gris.

Felíz dia del amigo, amigos virtuales y de los otros!!

Enlace1
Enlace2

martes, 6 de julio de 2010

Dejenme bajar, que aquí me quedo!

Hace unas semanas atrás tuve un par de días en que me sentí extrañamente mal.
Supongo que fueron varias cosas que se me juntaron.
El duelo por el último negativo. La incertidumbre de no saber como seguiremos. La consulta con nuevo especialista que se viene, etc.
Y para remate tuvimos un episodio en una reunión con unos pocos amigos, que entre risas, mofa y expresiones despectivas y acostumbradas sobre “nuestros chinos y negros locales”, sin mayor análisis ni seriedad porque el contexto no lo ameritaba, se hizo referencia a la adopción de chicos de otras razas.
Aclaro antes de seguir, que no pretendo exagerar la nota sobre el particular, ni habilitar la inferencia lineal. Mis conocidos no son mala gente, sino como el común de los humanos. Generosos e intolerantes a veces, felices e infelices de a ratos.
Agrego que dicho episodio, no tiene más destino que el olvido.
Con la proclama de que “el que adopta un negro es un hijo de puta”, -un adoptante de raza blanca entiéndase-, la anfitriona se manifestó muy en desacuerdo, ya que suponía la discriminación sería incontrolable, desde que empezaría en casa, siendo la misma un hogar interracial.
Ahora, obviando esta frase taaan poco feliz! Entiendo que esta diferencia, implica para ella un escollo difícil de superar, y que preferiría no lidiar con él.
-Para que buscar deliberadamente la diferencia, si ésta a menudo nos encuentra!
La naturaleza ciertamente no es prolija, ni nos trata a todos de forma pareja.
La enfermedad por caso, pone en desventaja a uno de entre los hermanos, y la tragedia distingue al huérfano como único en su clase escolar.
Como sea, en mi opinión la respuesta al tema de la adopción, es visceral.
Si no surge de las vísceras, mas vale no forzarla. Y una vez que las vísceras hablaron, a quien le queda ganas de teorizar sobre diferencias y discriminación?
Poco importa cuanto se hable o se lo resista. El tiempo pasará y nos iremos acostumbrando a ver chicos que no se parecen físicamente a sus padres, que repiten sus gestos y hablan con sus palabras.
Y entonces...cual es el motivo de mi malestar?
La respuesta es simple. Si se hace mofa de las cosas en las que creo o deposito mi confianza, entonces se las desvaloriza. Y si ellas son desvalorizadas y expuestas como motivo de burla, entonces “yo” soy desvalorizada.
Reconozco que mi sensibilidad reacciona con rapidez y por eso me resulta fácil y claro establecer todos esos enlaces con igual rapidez. Y mi mente atropellada mete y sacude todo dentro de una misma bolsa.
-Pero hacen ellos estos enlaces? -Se percatan acaso de que ofenden mi sensibilidad?
-No lo creo! -Que podría reprocharles? -Que no tengan "sensibilidad" pública?
-No. Estoy segura que en reuniones “más públicas” reprimen sus opiniones radicales cuidando de no herir susceptibilidades ajenas.
Claro que esta era una reunión de unos pocos y de confianza. Lo cual implica que nos ven y sienten como dos más, de ellos mismos.
...Y mirándonos desde afuera, la verdad es que nos parecemos.
Todos cuarentones, sin hijos. Compartimos los mismos espacios, tenemos similares hábitos de vida y experiencias comunes...Y sin embargo, yo quiero desesperadamente distanciarme en los hechos!!
Los veo tan ensimismados, tan dramáticos y teóricos. Jactanciosos y seguros de tener en sus manos el control, para no terminar enredados en una relación de deuda con un universo prestamista.
Y yo que a estas alturas hasta andaría de rodillas por una célula propia o prestada, lo único que tengo por seguro es que no tengo recurso fiable, con que apelar contra un universo que me empequeñece.
Cuando escucho frases como la de arriba, con mi físico hundido en un sillón, y cerquita el espíritu de RAT, -a quien no necesito ni mirar para saberlo afín-, en mi mente corro...corro...y corro...