jueves, 15 de marzo de 2012

Relato de Jueves Literario: "El Cine"

Esta semana vuelvo al ruedo y me sumo a la convocatoria que lidera Mónica en su blog: http://neogeminis.blogspot.com/, por más pelis, dirigirse allá


» "He vivido la época en que se temió que el cine se viera desplazado por la novedad de la televisión. Pero no he compartido ese miedo porque sé que la radio y los discos no pueden destruir la ópera. La televisión no ha podido acabar con el cine porque la gente quiere estar allí, quieren ser los primeros, quieren oír las risas de otras personas".
Billy Wilder

GOOD MORNING, JULIA

Julia esperaba parada en la puerta tapiada del viejo cine a que se le unieran sus vecinos. Habían acordado previamente que esa noche realizarían un abrazo simbólico a ese titán de ladrillos sepiados, único sobreviviente a la modernidad, la tv y los dvd.
Por largas e infructuosas horas habían discutido en la junta local con los representantes de la empresa cuyos planes consisten en levantar un centro comercial en el lugar que hasta ahora ocupa el baluarte del séptimo arte; y habían concluido los habitantes del pueblo: que cualquier acto de resistencia sería inútil y pequeño frente a la acción de los poderosos.
¡Nada de eso importaba a esas alturas!, irse a casa sin decir más significaba consentir el robo de los valores; para Julia expresar su protesta era una cuestión de principios y esperaba una actitud semejante de sus vecinos. Pero ahí estaba ella, sola, con su termo de agua caliente bajo el brazo y su equipo de mate apoyado en el suelo, a sus pies.
Con el correr de las horas el impulso inicial que había animado a los vecinos a plegarse a la protesta, se había ido desvaneciendo con excusas débiles mediante.
-¡Julia, no se me ofenda pero yo me voy a ir retirando...! mañana madrugo sabe!
-¡Julita es una lástima, de mil amores me quedaría, ¡esos hijos de su madre!, ¡ay!!, ¡cuando lo pienso me da una rabia!! ¡No sé qué haría mira!,...pero los chicos mañana tienen escuela...cualquier cosa que necesites: ¡chista!
Todavía quedaban rezagados en las calles que apuraban sus pasos evitando cruzarse con la mirada acusadora de Julia; pronto el pueblo quedó desierto. Por suerte la luna llena estaba allí en lo alto del cielo, luminosa y clara para brindarle apoyo.
Julia sabía que detrás de las rendijas y puertas que se cerraban las miradas curiosas seguían sus movimientos. "¡Manga de tibios!, ¡a la primera de cambio se meten en sus casas!"; no obstante, siempre contaban con ella, con Julia la leal, Julia la sólida, la que no tiene marido ni hijos que le esperen en casa, solo una madre anciana que por entonces ya estará en brazos de morfeo gracias a las píldoras rosadas.
Tenía un nudo en la garganta y unas ganas locas de llorar, en cambio: se sentó en su banquito, se alisó la falda con las manos y con gestos ampulosos e histriónicos se rodeo el cuerpo con la soga que sujetó de las maderas que obstruían la puerta del cine, eso: por si la policía intentaba apartarla, aunque estimaba que no harían nada hasta la mañana; después de todo ella no representaba una amenaza.
Al poco que la brisa fresca envolvía su cuerpo y el líquido tibio de los mates cebados le caldeaba su interior, unas extrañas figuras longilineas y etéreas, esmeriladas por niebla gris, entraron en fila al edificio tras suyo por las grietas de la tapia. Desfilaban antes los ojos de Julia hombres y mujeres vestidos de gala en tanto la luna resaltaba el brillo perlado en los cuellos estirados. Le rechinaron los dientes por el fru-fru del satén, le llegó el eco de las risas apagadas y las estertóreas y le alarmó el estruendo de los descorches.
Una figura reparó en ella y en su evidente tristeza; -¡toma!, en ninguna de tus crisis te he visto tener un pañuelo, -le dijo un hombre robusto de mirada insolente y gruesos bigotes al tiempo que le alcanzaba un pañuelo blanco. -¿Qué dice?, ¿a qué crisis se refiere?, -se preguntó Julia que se sintió en evidencia, sola y con profundos deseos de llorar. "¡Aquí estoy, mirándote nena!", las palabras salieron debajo de un panamá ladeado, envuelto en el humo que le siguió a una larga pitada.
Alguien le estiró la mano; alzó su rostro y vio una sonrisa amplia de dientes blancos que le trajeron evocaciones mezcladas de bailarín y zorzal criollo. -¡La fiesta espera!, -le dijo el de la sonrisa dentada; ella dudó, no tenia vestido propio para una fiesta, pero... finalmente se dejó llevar...
Al amanecer la encontraron los primeros transeúntes. Estaba desparramada sobre su banquito, la falda arrugada, el termo aun aferrado con fuerza bajo el brazo, la cara a un costado, le cruzaba la mejilla un surco de baba seca y le salía un ronquido audible de su boca abierta, al tiempo que los perros del barrio se arrimaban a husmearle sus partes.
Los vecinos no podían disimular la impresión que les causaba ver a Julia desprovista de su correcta y acostumbrada postura. Todo en ella lucía grotesco y sabían que la mujer se lamentaría luego; sin embargo, había algo que en ese paisaje vergonzoso desentonaba; les llevaba un par de segundos a las vistas culminar el recorrido en un par de pies calzados con tacones de charol negro y hebilla de strass, que brillaban bajo los tímidos rayos de un sol que prometía irradiar.

jueves, 9 de febrero de 2012

Relato de Jueves Literario: "El arte de observar"

La convocatoria de esta semana supone jugar con la observación. El relato debe versar sobre algún aspecto, todos, o cualquier interpretación, situación que nos dispare la siguiente foto.
Hay mas observadores en lo de Matices: http://maticesdecolores.blogspot.com/

Cola para ver el final de....
Foto cedida por: ElSilencio en Devianart

¿QUÉ VER, QUÉ DECIR?

¡Vaya fraude!, ¿y ahora qué?.....
Podría dar un grito que atrajera la atención de los ojos asombrados de allí abajo y espetarles que esto es una gran estafa, y cual justiciera enérgica: encabezar la columna de furibundos e irrumpir en las oficinas del responsable para armarle un escándalo...o... puedo darme la vuelta y bajar con el cuerpo ladeado cuidando de no caer, con la frente en alto, como si estuviera descendiendo los escalones de la piazza Espagna en un desfile de alta costura, para finalmente: retirarme con el orgullo bajo el brazo, pero....¡No!; Querrán comprobarlo por si mismos en el primer caso, y para lo segundo: es demasiado pronto para darme por vencida....¿Y si de verdad hay algo ahí de lo que no me percato?...
¡Nada!, no hay ruidos solo un sonido de altura, apenas una brisa que chifla como si pasara entre las rocas, ¡y esa luz!, tan blanca, cegadora.¡Sería un milagro si logro tomar una foto de lo que sea que haya allá, con un diafragma mas fruncido que el ceño de mi vecina!
Me siento lejana, sola en la cumbre de un altar, como si me tocara hacer los oficios de algún ritual....¡bueno!, al menos puedo meditar....¡Sí!, ¡eso es!, puedo decir a quién pregunte que aquí hay algo que...¿promueve?, ¡si, ahí está!, que promueve la meditación. Es lo suficientemente vago como para que cada cual lo ajuste a su interpretación, y además: no estaría mintiendo....
Tengo entumecidas las piernas, ¡uyy!, voy a moverlas cada una a su turno, apoyo mi peso sobre una, flexiono un poco la otra...¡sí!, efectivamente ese crujido vino de mi rodilla, cada dolorido tendón está reclamándome atención. –¡Ya va chicos!, unos segundos más....Apoyo la mano bajo mi barbilla en pose de sabia por si alguien está mirando, jajj!, -es el último vistazo, ¡lo juro!

jueves, 2 de febrero de 2012

Relato de Jueves Literario: "Persona que es curiosa, tiene refrán para cada cosa"

La convocatoria de esta semana la lidera Verónica Marsá del blog: http://hel-leniko.blogspot.com/. La consigna es incluir al menos dos refranes en un texto, ¡misión cumplida!. Hay más refraneros en lo de Vero.


LA DOCTORA QUIERE TANGOS -REMIX

-¡No son horas estas para que una dama salga de su casa!, ¡Mjjmm!, ¿dama?, ¡faltaba más! así le digo entre nos para no afectar la sensibilidad suya Marguita...que: a buen entendedor, pocas palabras.
-No sé de quién me habla Rufina.
-¡No se haga la desentendida Marga que lleva largo rato con la facha asomada tomando el fresco!
¡Cuanta altanería!, pensar que la doctorcita de día parece mujer de casa guardar. Si hasta cuando mira por arriba del hombro parece que dijera: ¡A mi nadie me pisa el poncho!...y sin embargo de noche…de noche: ¡la decencia le queda bien tapada bajo gruesas capas de rimel!
¡Véala Marga!, con ese aire de mosquita muerta parada en la esquina esperando un coche que la lleve a la milonga.

En la esquina la mujer impaciente da giros y contragiros cuidando de apoyar solo las puntas de sus pies calzados en fina cabritilla negra, pues teme trastabillar a causa del poco sustento que le brinda la redondez del empedrado.”

-Así como la ve Marguita, a la doctora se le da bien el firulete...¡aja!. Dicen que la han visto en antro de mala muerte y peor beber, gustosa de bailar enlazada dibujando cortes y quebradas con esos tobillos finos, ¡que de suerte le responden con gracia!, porque de solo verlos: se conoce que tienen vocación declarada para el esguince.
-¡Mmm!....a mi no me parece mala Rufina.
-¡No mala, pero no haga que le recuerde Marga que el infierno está lleno de buenas intenciones!, ¡Uff!...¿qué me dice Marguita?, ¿haríamos un buen servicio advirtiéndole a la doctorcita sobre las habladurías de la gente?
-Mejor no Rufina, ¡cada cual a lo suyo!

Las fotos corresponden a la película: "La doctora quiere tangos" cine argentino, 1949.

jueves, 26 de enero de 2012

Relato de Jueves Literario: "Brujas"

La convocatoria de esta semana la lidera Inma Brujis del blog: http://cuatrounduro.blogspot.com/. Mas brujerías se encuentran en lo de la anfitriona.


MORENA DE OJOS BRUJOS

Isabel, la única morena de las hijas de Don Ignacio Loyola y Manuela Duarte, es dueña de una belleza que hechiza.
Ni los pesados encajes de los vestidos que le cose Doña Manuela cubren su natural seducción; ni consigue escudar su cuerpo de las miradas, mucho menos de los pensamientos impuros, el rosario que vehemente pende de su cuello.
Su fama se extiende a lo largo y ancho del Camino Real. Se sabe de sus atributos en Caroya, en San Francisco del Chañar y toman nota de los destellos que lanzan sus cabellos oscuros bajo la luz del sol, tanto como de la negrura de sus ojos almendrados: los viajeros en la posta de Sinsacate.
Ojos brujos dicen tiene la más hermosa entre las hijas de Loyola, y es claro que luego de verlas a todas: ninguna confusión podría alegar hombre alguno sobre el mérito acusado, cuyo olfato e instinto funcione con la salud de un reloj.
Aquel soldado raso que camino del Alto Perú marcha, está condenado por la fama que precede la excelsa presencia de Isabel: a procurar su compañía, como al néctar los abejorros.
Bajo la influencia de los efluvios etílicos de un vino recio afloja-lenguas, el muchacho que se siente embriagado por el perfume de la piel sahumada, -afecto a la declamación-, le declara su amor a Isabel y jura llevarla a Lima donde según sus palabras: "será vestida con lujos y su encantadora figura será sobresaliente entre finas damas”
Isabel, la morena entre blondas quiere escapar de la familia y pueblo donde no encaja, por lo que esta vez, contrariando el habitual desdén con que responde a los galanteos persistentes de los hombres: escucha con disimulo, pero con atención las palabras del soldado.
"He ahí el gallo de estampa negra como la noche, pendenciero y feroz, que ha de trabarse en toda riña que sea bien provista". Asegura el joven: "será el portador de la fortuna que escolte a la pareja hasta Lima, la de callejuelas señoriales y balcones floridos”
La gente se arremolina en el baldío atrás de los corrales junto a los ejemplares de crestas rojas, que pronto se echan encima el uno del otro con determinación asesina, mientras avivan el combate a muerte con gritos y ademanes toscos.
Los hombres que en el descampado no necesitan esconder su afición a la pelea ni disfrazar sus emociones, envidian sordamente al soldado que es dueño del gallo negro y del favor de la morena de ojos brujos. Esos mismos ojos brujos cuyo brillo parece resplandecer en el iris de los diminutos orificios bajo la cresta roja del negro bravucón.
Ahora se repliega como en una danza sensual,...ahora se acerca dando pequeños saltos de vuelo rasante y se impulsa por sus alas de plumas sombreadas, y atrae a su oponente a la trampa de su espolón en el que brilla la navajuela que limpia: se clava en el pecho del retador, al tiempo que se escucha el eco seco del metal ensartado.
Por fín: se lleva el último soplo la muerte; se asienta el desparramo de plumas ensangrentadas; ...y enmudecen los hombres que tienen la rudeza de las pampas en los rostros.

jueves, 19 de enero de 2012

Relato de Jueves Literario: "Desde el corazón"

La convocatoria de hoy la lidera Ma. Jose del blog: http://blogdemjmoreno.blogspot.com, que nos pide escribamos algo que surja del corazón, y la verdad es que todos mis relatos han surgido de algún lugar de mis entrañas, así que bien podría cualquiera de ellos cumplir satisfactoriamente con la convocatoria. Sería incapaz de elegir. A continuación: Relato de un corazón


CORAZÓN ANODINO MARINADO EN SALSA DEMI-GLACE

Las comisuras de sus labios se estiran dibujando una media sonrisa. Las aletas de su nariz vibran ligeramente e indican que su olfato exquisito está satisfecho. Acto seguido revuelve la junta portentosa: jirones de carne aún púrpura, tendones brillosos, cebollas de acidez astringente, hinojo anisado, papines de pulpa cremosa y aroma de la tierra, que se cuecen sobre patina de óleo trufado.
Con ademán parsimonioso le arroja al sofrito unas hojas de verde salvia de sabor intenso, le muele pimienta negra en grano por encima y por último: le vierte un chorro generoso de un Malbec joven y frutado.
Prueba el fondo de cocción y se le escapan unas lágrimas a causa del rastro escaldado que el líquido deja en su paladar, al tiempo que asiente: ¡No desea sabores condescendientes ni alquimias tibias!
Ya en la mesa se sirve una copa de vino, esta vez: de un robusto Cabernet Sauvignon de textura aterciopelada. Su mano delicada ensarta el tenedor en la carne firme y corta un pedazo que se lleva a la boca, en tanto pega su espalda al respaldo de la silla en una postura artificiosa. La servilleta hace equilibrio en su regazo y sus dientes se dan a la tarea de masticar la porción que le parece excesivamente fibrosa, áspera y de sabor brutalmente mineral.
El corazón le da un vuelco antes de tragarse el bocado; se palpa bajo la blusa, detiene su mano, la aprieta con fuerza en el pecho y escucha el tamborileo rítmico, constate y decidido -que suena como los cascos de una tropilla de briosos caballos al galope-, de su corazón de primera calidad, y respira aliviada.
Una vez la escuché lamentarse de tan injusto y pobre intercambio. Aseguraba “haber recibido de él un corazón simple, de costados flacos y razones débiles a cambio de uno honrado y de doble yema”.
-¡Son ciertas las afirmaciones de aquellos que me decían que su corazón era oscuro!, -admite-. ¡Pensar que cabe literalmente en un puño!...el suyo.
Mientras cercena los trozos de la víscera comprende con pesar: que esa carne de cepa anodina, de sabor hostil y membrana resistente como el reproche, le traerá indigestión.

sábado, 7 de enero de 2012

Algo que decir sobre decisiones que importan

Hace mucho que no escribo sobre nuestra travesía personal y la búsqueda de ser padres. La verdad es que cuesta retomar el punto donde deje de contar, pero lo voy a hacer aunque la pereza y el dulce devenir de las cosas me aplanaron la pluma para estos asuntos; creo que ya es hora de ser leal con todos aquellos que se arrimaron con tanto cariño en los albores de este espacio, y con las queridas “compañeras de ruta”. De otra manera, éste nuestro viaje parecería desvanecido en el éter, disuelto como café instantáneo en una taza de agua caliente.
Siempre pensé que al final de esta experiencia habría un buen puerto, soy de las que creen que con tesón los círculos entran aún forzados en los rectángulos. Ahora creo que esto es una verdad a medias y tengo que admitir que el tiempo afecta de maneras insospechadas a las personas, pero esto ustedes ya lo saben; a veces las relaciones se quiebran, y para otros: el deseo se fortalece al punto de preguntarnos: ¿si no estamos siendo demasiado necios en esto de querer torcerle el brazo a la naturaleza? Lo cierto es que lo que se templa a la fuerza: es la espera, los sueños mutan, evolucionan, y nosotros también.
Desde hace unos meses RAT y yo estamos en lista de espera de una donante de óvulos.
Para los que conocen el tema la explicación sobra, para los que no: se trata de esperar que la clínica donde estamos anotados encuentre una donante compatible conmigo en términos fisiológicos y fenotipo. Las donantes pueden ser otras pacientes de la clínica que realizan tratamiento de fertilización in Vitro por factor masculino y al no tener problemas con sus óvulos, deciden donar una parte de los que les son aspirados en la intervención, o bien pueden ser mujeres reclutadas por el programa de ovo-donación, que se acercan a las clínicas por diversos motivos, suelen ser parientes o amigas de mujeres que ha pasado por lo mismo.
¡Fue difícil tomar la decisión!,... más bien lo difícil fue llegar hasta el momento de tomar la decisión porque parecía que habíamos perdido el control, que las circunstancias nos empujaron, que a pesar de haber probado con todo: acupuntura, homeopatía, hice un tratamiento de cuatro meses con una prohormona experimental, cambiamos algunos hábitos alimenticios, abandonamos algunos alimentos e incorporamos otros (eso estuvo bien y lo continuamos practicando) tome pócimas, hierbas de factura casera, leí y puse en práctica cuanto material encontré al respecto y que me pudiera ayudar, (además de las 3 fertilizaciones asistidas de baja complejidad, las otras 3 intervenciones de alta complejidad, mas una suspendida y un embarazo malogrado) y aunque nuestras fuerzas y ganas nunca decayeron, la verdad es que nuestro ánimo terminó por rendirse ante una perspectiva tan pobre.
Con todo creo que nuestros pasos nos trajeron hasta acá en el momento justo y no antes, la decisión en si: fue fácil, y una vez que lo hicimos los pensamientos empezaron de a poco a acomodarse con una naturalidad sorprendente.
Cuando abandonamos la clínica esa tarde en lugar de tomarnos un transporte que nos devolviera a casa en la puerta misma, caminamos varias cuadras hasta Plaza Italia, conversando, pisando con fuerza las veredas de la ciudad, sintiendo que adentrábamos los pasos en nuestro futuro, porqué habíamos empezado nuevamente a proyectar.

Hacer el “duelo genético” es duro. Darse en la cara con esto de que: aquello que me viene por la sangre, la nariz de...los ojos de...se termina conmigo, es casi...casi una pequeña muerte. Pequeña, y desdramatizable, ya que de otro modo: me parece que no les hago justicia a todos aquellos que todos los días superan estas y otras dificultades.
El primer sentimiento culposo es el de haber abandonado “la lucha” justo cuando nos habíamos convertido en buenos peleadores.... ¿Y...y, si la enterramos y todavía respiraba?; no faltaron las personas que conocedoras del paño me dijeron: “los médicos siempre dicen a todas lo mismo, mira lo que le pasó a fulanita...a menganita”
Es cierto que los médicos suelen aconsejar (léase: insisten) a las pacientes para que opten por la ovo-donación cuando se las ven difíciles, muchas veces sin profundizar en los casos. Dicho por ellos mismos: este procedimiento insume hoy casi el 40% de la totalidad de los que se llevan a cabo, con una proyección cada vez mayor, y debido a las altas tasas exitosas: hoy prefieren tener la imagen de sus clínicas asociadas a este éxito rápido y seguro. Conozco experiencias de gente que perseverando con sus propios gametos ha fracasado y otra que lo ha logrado, por eso en el fondo la decisión no deja de ser también en parte: una elección.
Ya que he asumido el compromiso de ser honesta, debo decir que esa sensación del principio, con los días va cediendo paso a otra. La mente destrabada de una frontera tan próxima impuesta por los resultados magros se deja llevar por la tibia luz del logro alcanzable. Esta vía se convirtió en una posibilidad amiga, real, cercana y acariciable de ser padres, y por tanto la abrazamos. Y de a poco se entra a una planicie cómoda donde el propio cuerpo, que se ve liberado de duras y frustrantes exigencias –que otra buenamente asumirá en mi nombre-, con placer inesperado: me lo agradece.

Esa noche, luego de “esa” tarde, tuve un sueño. Soñé con toda nitidez que RAT y yo estábamos en una casa vieja y debíamos arreglarnos para trepar con nuestros brazos por los estantes de una biblioteca llena de libros y otros objetos viejos y desvencijados. Otros ya lo habían hecho antes que nosotros. RAT lo intenta y trepa sin problemas, luego es mi turno y comienzo a trepar los estantes desnivelados con cuidado de no caer ni tocar los libros, pero cuando llego arriba me encuentro con varias copitas de cristal alineadas en un estante superior. Pienso que es evidente que están allí desde hace mucho tiempo porque están visiblemente sucias. Un sentimiento de pena se me cruza por ese alguien que se tomó el trabajo de colocarlas allí, a la vez que me siento perpleja y algo enojada de encontrármelas en mi camino ascendente y de vérmelas en la posibilidad clara de romperlas. ¿Por qué a mi, si otros lo hicieron antes sin problemas?
Decido seguir a pesar de esa eventualidad, miro abajo y está RAT, sigo y aunque ya no veo las copitas siento que algo se mueve y ya no necesito mirar hacia abajo para comprobar que cayeron. Luego el sueño sigue en otro lugar de médanos, nosotros en una camioneta... etc, etc. Lo recuerdo bien porque se lo conté a RAT apenas me desperté. Traté de buscar la interpretación, pero solo encontré algunas referencias genéricas y aisladas sobre los elementos del sueño. Como sea, no tengo que ser muy astuta para darme cuenta de que se refería a una pérdida.
La casa y la biblioteca es la de mi abuela, “esa misma casa de la que no quedó ni los cimientos”...¡si! ¡hay conexiones bajo nuestra corteza!, ...y es que a veces me pongo en ese plan de trazar los vínculos y atender las señales del universo, y me maravillo y pienso que hay pinceladas de fina ironía trazadas por ahí, que si uno no estuviera tan involucrado podría hasta aplaudirlas; y otras tantas las ahuyento a manotazos como a las moscas de verano.
Sé que el cristal me fue caro y sucede: que a veces se rompe; que mi “herencia” tendrá que ver con la madera de esos estantes: fuerte, de vetas desiguales en la superficie que le imprimen belleza e identidad y sostienen como brazos. Tendrá que ver con esos libros de viejas historias en páginas amarillas y con los de grandes espacios blancos: que esperan nuevas historias de letras danzantes....y la mirada color del mar en días soleados de los ojos de RAT, que como en el sueño: me miran.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Relato de Jueves Literario: Cuento de Navidad

Se cuentan más cuentos para celebrar la Navidad en lo de Gustavo: http://callejamoran.blogspot.com/


TRIBULACIONES Y ENREDOS EN UNA NOCHE DE VERANO

Don Nicolás está buscando información en el servicio meteorológico. Desea saber que tanto calor hará en Buenos Aires la víspera de Navidad y si acaso hay lluvias pronosticadas.
“Se espera tiempo caluroso y húmedo, nubosidad en aumento, no habrá tormentas por el momento”;...en resumen: ¡no hay esperanza alguna de que refresque por la noche, ni se espera que soplen vientos que acerquen frentes fríos de ningún lado!
Un resoplido de desaliento, largo y estertóreo le sale de las fosas al tiempo que deja caer sus hombros abatidos.
-No sé que esperaba encontrar, -se dice, en tanto mira de reojo su traje rojo que luce brillante e impecable sobre la cama.
Lo cierto es que el clima subtropical de los veranos porteños lo está matando. La última vez que estuvo por Buenos Aires se le ocurrió vestir su flamante piel de marta cibelina que adquirió en Ucrania. El roce de la coqueta estola sumado a la sudoración le provocó un sarpullido espantoso.
El médico le explicó que definitivamente esto de tener que ir al sur le genera una anticipación estresante que es perjudicial para su salud, y que lo mejor sería que cambie de hábitos.
“Oiga amigo, deje la etiqueta de lado, hágame caso: póngase un traje livianito acorde al clima.”, le dijo. Y para reforzar su argumento agregó: “Es de sabios adaptarse al medio ambiente, y sino: ¡mire a los brasileños que hasta sus policías andan de pantalones cortos!” A lo que Don Nicolás asintió mientras chasqueaba su lengua en señal de resignación.

Ya es casi Nochebuena, Don Nicolás busca que ponerse pero no encuentra nada que le parezca apropiado. Por fin da con unas bermudas rojas de micro fibra que a duras penas le entran, y una musculosa caladita que se trajo una vez por accidente de alguno de los arrabales de la ciudad, y lleva al menos dos décadas en el fondo del armario.

Buenos Aires, 24 de diciembre, 21:00 hs.
Don Nicolás aparca el trineo en la azotea y se dirige al quincho en cuyo extremo, adosado a la pared, se encuentra el nicho donde se asan las carnes y achuras sobre carbones encendidos. La parrilla está bien alta y apenas inclinada, por tanto las carnes se están haciendo a fuego lento; Con periodicidad que parece cronometrada: ruedan gotas de grasa por los hierros acanalados y el chirrido del carbón: atrapa los sentidos con la habilidad de un mantra repetido.
Y así, sumido en sus pensamientos como está, Don Nicolás encuentra que el aroma que despide la parrilla es apetitoso, la mesa está servida, y...se le antoja una copa de vino. Se sienta a la mesa, en tanto piensa que reina un silencio inusitado. Sabe que los habitantes de la casa están todos en la parroquia vecina, ya los vio cuando iba de pasada.
Desde el púlpito hasta la puerta el edificio estaba repleto de feligreses. Había personas sentadas y paradas abarrotadas en su interior, todas con caras brillantes de humedad. Las ventanas estaban abiertas y algunos boqueaban por un poco de aire fresco, pero era inútil, los ventiladores arrojaban aire tibio y los abanicos que se agitaban solo servian para fatigar muñecas, disimular bostezos y empujar alientos viciados y ausentes de mentol.

Sí, hay un silencio raro, pero debe admitir que en parte se debe a su propio mutismo. El médico le advirtió que no se le ocurriera andar por ahí al grito de ¡Ho, ho, ho!, ya que todavía hay cenizas volcánicas volatilizadas en el aire, y aspirarlas puede ser malo para sus pulmones.
¡Don Chicho!, a su espalda lo sorprende el grito de Miriam que asoma su cabeza por la ventana cercana.
Miriam, que había asumido que la silueta panzona que vio desde su ventana le pertenecía a Don Chicho, está tan sorprendida como Don Nicolás que se siente pillado en falta.
-¡Soy Papá Noel!, -atina a decir. Se percata de lo extraño que debe lucir en paños menores y aclara: -Estoy vestido así por prescripción médica.
Miriam mira con desconfianza al hombre que lleva puesta una ridícula musculosa ballenera. Los agujeritos están estirados y tan tensados a la altura de su barriga que le recuerda un matambre arrollado con cordel. –¡Aha!, le contesta Miriam escéptica que no sabe si llamar a la policía, aunque sospecha que en la comisaría no habrá nadie que la atienda a esas horas. Decide ponerlo a prueba y hace uso de las notas mentales sobre lo que conoce de este personaje que rápido acuden y seguidamente lo interroga: -¿y dónde está su trineo?, "en la azotea", recibe por respuesta. Y a Miriam le parece escuchar vagos sonidos de cascos que vienen de arriba.
-¿Y...y...que hay de la chimenea? -¿qué chimenea? –contesta Don Nicolás visiblemente fastidiado. -¿Usted no entra por la chimenea?; –¡A ver! ¡Fíjese bien!, ¿acaso ve usted alguna chimenea?, ¿cómo no sea que me deslice por el conducto de las parrillas, lo cual sería harto difícil no cree?, -Don Nicolás formula esta última pregunta con tono sardónico; endereza su postura para recobrar la dignidad mancillada y se gira dando por terminado el intercambio con la molesta vecina.
Miriam que sigue allí, tozuda no quiere dar el brazo a torcer, y reparando en la copa de vino que el hombre de barba cana dejó por la mitad lo increpa apurada: -¡Oiga, espere!, ¿esa copa es suya?,¿pero... usted bebe?, ¿no es usted musulmán?
-¡Ah no!, ¡con el vino no! –grita Don Nicolás que no puede dar crédito a lo que escucha. -¿musulmán?, ¡esos, los reyes magos de oriente mujer ig...i...!, ¡intolerancia no es lo que predica mi religión! ¡Vamos! ¡Más bien tolerancia a cualquier elixir, del color y sabor que sean!, potentes aguardientes, frutados, amarillentos y maltosos, o violáceos maduros al calor de buenos taninos, ¡a todos doy la bienvenida!
¡¡Pero que barbaridad, lo descreída e insolente que está la gente!!