Tarjeta navideña 2018

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¡Muchas Felicidades!,

jueves, 20 de diciembre de 2012

Relato de Jueves Literario: Hoy, sobre mi blog

Después de un largo tiempo sin dejar señales de vida por este espacio, hoy me sumo a la convocatoria de esta semana que lidera Gustavo, quien se hace llamar: Juliano el apóstata, en su espacio: No lo sé, desde donde nos pide que escribamos en relación al título que le da nombre a nuestros respectivos blogs.
Espero que mis palabras resulten en una cálida bienvenida a los amigos que siempre se asoman por acá, y desearles a todos desde lo profundo de mi corazón, ¡tengan una muy feliz navidad!


NOTAS DESDE EL FONDO DE MI PLACARD


Notas desde el fondo de mi placard, porque allí van a parar los trastos que duermen los sueños de eternidad doméstica; los pliegues sobre duras superficies de madera terciada, a las que la humedad nocturna le arranca pequeños y sonoros eructos; tal vez la queja de sus tripas. Y también tienen cabida los flamantes: regalos se acomodan en jerárquicos estantes, ropa recién planchada cuelga sin orden cromático ni estatus de preferencia. A veces, encuentro cosas que había olvidado, otras, me desdigo de afirmar sobre aquellas, cuya presencia había jurado. En un descuido alguna puerta queda abierta…o, se abre sola, y algunos de sus habitantes caen, como las notas que escribo, sin protocolo, sin talla, ni largo o ancho, el cielo puso el techo, y abajo: el suelo que miro y piso.

Mis notas me trajeron amigos de sus manos, perspectivas consoladoras, palabras de aliento cruzan los espacios. La tecnología siempre de vanguardia, los sentimientos: siempre un clásico. Rara mezcla esa y por partes iguales: tan inabarcable y abstracto éter, por tan genuinas tristezas y alegrías.

Cosas que caen, materia que escapa a su prisión temporaria, cueros y tientos, metales y plásticos,  géneros y cintas se enredan con anudadas memorias, aquí y  allá….
Veo un par de escarpines tejidos a mano que uso a diario las mañanas frías; me traen recuerdos de Castro en la isla de Chiloé, donde los adquirí de manos laboriosas. Su cuerpo de lana gruesa y su suela de cuero de oveja, todavía me augura inviernos completos de aroma lechoso y de pastos agrestes enfundando mis pies; y me evocan el placer por unos platos humeantes saboreados sobre unas maderas desvencijadas de un palafito. Curanto era, con aromas de la tierra que baña el Pacífico y con las ínfulas de parecerse a aquellos, los de los cuentos de la Eva Luna.
Al lado: una colección de carteras viejas yacen amontonadas esperando la cura para su flacura endémica; de sus bocas vacías parece surgir a gritos un reclamo: ¿Dónde se fue el dineroooo?

El regalo que nos dejo una mañana de otoño; bajo la piel de un vientre abultado se sacude en un temblor de miembros; a la vez: acaricia y lastima. Responde su nombre a uno de varón.

Y en algún rincón entre los de mi placard encontrará destino el recuerdo de mi papá, a quien el tiempo con la saña de una maldición maleva, le fue despojando de esencia la mente y a cambio, la llenó de ausencias; a traición le tallaron sus marcas en el rostro, y en sus ojos se marchaba a su mundo interior, del que una madrugada, ya no volvió. Falleció el pasado 7 de este mes. ¡Vaya mi cariño y recuerdo para él!, ¡Qué tengas un buen viaje!
¡Chau papá!