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lunes, 8 de agosto de 2011

Un dia cualquiera de invierno


Asomada en mi balcón, observo la calle.
Es temprano en la mañana, y el cielo está cubierto de nubes bajas y grises, como un manto ondulante que el viento arrastra.
Las veo venir raudas desde el horizonte, detrás de los edificios, como un mar de bajo oleaje, para luego desaparecer por encima de mi cabeza.
No acaban nunca. Atrás vienen más y más, como bandadas de alas sucias.
Flamean los toldos en los vecinos balcones, con chasquidos de banderas.
El viento es frío y puja por entrar a mi casa. Yo rápido y con algo de esfuerzo, corro el sillón para aprisionar la puerta ventana, que habrá de separarnos.
¡Ahora sí!, Desde adentro, miro a través del vidrio, como el viento afuera mueve las hojas, y sopla ruidoso.
Mi casa no cierra por mal tiempo. Todavía me quedan unos mates calientes y unos bollitos de queso para ofrecer.
¡Feliz dia, con atraso, a todos los amigos virtuales!
Gracias por pasar, y nos estaremos visitando.

martes, 28 de junio de 2011

A Discépolo con cariño

Hace unos días tuve un incidente serio, y algo chistoso (aunque no para mí).
Pasa que la cocina de mi departamento tiene un gran ventanal que da a un patio interno del edificio, (edificio que solo tiene dos pisos), al que a su vez ventilan las ventanas de otros departamentos.
En uno de estos, enfrentado al mío, está el departamento técnico de una empresa de instalación de antenas y electrónicos, que tiene tres aparatos de aire acondicionado que balconean al patio interno y están en funcionamiento, intermitente, pero constante durante el horario laboral al menos.
El problema es que uno de ellos funciona mal, y desde enero que produce un ruido muy molesto, similar a una turbina.
Por supuesto que ya se hicieron los reclamos pertinentes, por intermedio de la administradora del consorcio, puestas en marcha las vías de resolución,... pero nada!
Personalmente me he arrimado a tocarles el timbre en diferentes oportunidades, para quejarme del ruido, y siempre me atendió una voz un poco melindrosa del otro lado del portero, haciéndose la distraída, cosa que me exaspera!

Unas mañanas atrás, cansada de soportar el ruido en cuestión, salgo a la calle a tocarles el timbre, y como otras veces, a quejarme.
Regreso a mi cocina y siento que el ruido persiste aunque habían dicho que lo apagarían.
Vuelvo furiosa hasta su puerta para exigirles que pongan una solución al asunto, y en respuesta escucho un chasquido seco y violento en el portero eléctrico.

Llena de impotencia y sin pensarlo dos veces apreté el timbre con ganas, y continué apretándolo 1 minuto, 2...y luego una voz, femenina ella, pero a los gritos, insultándome en tanto yo seguía sin despegar mi dedo del timbre…-¿Sabes donde podes meterte el dedo?...-aullaba, y la gente que pasaba mirada extrañada la escena.
-¡Pensar que antes me contestaba toda modosita! -¡Ahh, pero que rápido perdió la compostura! –pensé, mientras la escuchaba llamarme tarada y otras linduras.

A todo esto: -¿Y ahora que hago? ¿Hasta donde voy a llegar? –me pregunto.
El tema es que ya me había metido en ese brete, y la verdad es que me sentí en apuros, pero debía ser consistente con mi queja, así que seguí apretando con furia, pero hice relevo de dedo, y de mano, para darles descanso a los pobres.
No tardaron en hacer su aparición en el hall de entrada dos empleadas, una de ellas se acercaba haciendo ademanes a la puerta de acceso,-detrás de la cual, del lado de la calle estaba yo-. Por un momento pensé que abriría la puerta y hasta temí que me agrediera físicamente, pero se quedó del lado de adentro, golpeando el vidrio a la altura de mi cara, insultándome e instándome para que dejara el timbre en paz.

Por entonces ya no sabía que hacer. Tenía claro que no me iba a quedar todo el día, pero tampoco quería dar el brazo a torcer tan fácil...era inminente que algo pasaría.
Mientras, yo seguía tercamente con el dedo pegado al timbre y reuniendo algo de dignidad en medio de tanta circunstancia ridícula, y la mire sin decir palabra.
Miré la camarita que tenía encima de mi cabeza y le hice una semi-sonrisa que quiso quedar sobrada, pero quedó una mueca tonta, supongo que por lo nervios, porque la situación ya era bastante violenta para mis hábitos tranquilos.

En eso aparece la portera del edificio, cruza unas palabras con las empleadas y luego viene hacia mí con andar cansino, abre la puerta y con una cara de angustia que me dio pena, me pide que desista. Alega que las chicas son empleadas, que la dueña no estaba...etc. Yo retiré mi dedo casi al momento que abrió la puerta, y me desquité un poco con ella, haciéndole mi descargo sobre la desconsideración, a lo que me puso el oído, sintiéndose quizás, momentáneamente obligada a ello.

Por unos días no hubo ruido. Pero el asunto no terminó allí, y seguro traerá cola.
Aunque esa mañana volví a mi cocina con ánimo triunfalista, sentí un profundo pesar al comprobar (sin intención dramática) que el “Cambalache” tiene más vigencia que,...por caso el “Padre Nuestro”.
Hace más de 70 años que Discépolo nos cantaba su triste ironía del acabose, admirado decía: ¡Siglo XX, que barbaridad a lo que hemos llegado!... Y sin embargo, no importa cuanto hayamos crecido y nos hayamos sofisticado desde entonces, todavía parece ser cierto eso de que al final:..”El que no llora, no mama”...

jueves, 21 de abril de 2011

De ropas y modas

¡La ropa está carísima!
¡Que difícil se hace vestirse hoy en día, y no solo a causa de los precios que están por las nubes!
Hace unos días acompañé a RAT a comprarse unos pantalones. Por suerte para él, -a pesar de haberse ganado algunos kilos de más desde que dejó de fumar hace un año, y de que ya se le volaron unas cuantas chapas de la cabeza-, no ha perdido toda su galanura.
Podemos decir que la moda no lo ha desterrado fuera de sus fronteras como lo ha hecho con otros, y que todavía lo trata con decorosa amabilidad.
-Piufff! Todavía sale airosa la imagen que le devuelve el espejo en la prueba de un jean oscuro, y puede lucir con cierto aplomo una camisa con costuras un poco entalladas.
Reparé con empatía en los demás hombres que salían de los probadores contiguos para observarse en el gran espejo, y pedir opinión a sus acompañantes.
Desfilaban por la alfombra treintones y cuarentones mientras se miraban de atrás y adelante. Levantaban pecho y entraban panza.
-Mmm! Hay géneros que no favorecen!
Alguno daba unos pasos enfundado en un moderno pantalón medio chupín, pero el convencimiento no llegaba!
¡Cómo desviar la atención cuando el desequilibrio manifiesto en el flanco la pide a gritos! Y es que el culo parece desbordarse sobre piernas tan angostas!
-Ayy! Crueldad descarnada!
Si no se está entre las filas de jóvenes y adonis, -aquellos tocados por la varita generosa de la naturaleza para quienes no habrá cavilación en los espejos-, son tiranos los designios de la moda y los requerimientos de la imagen con fuerte acento citadino.
¡Y cómo se ensaña con los hombres en la mediana edad y en la media clase!

Recuerdo un pasaje del libro de Stendhal, “La cartuja de Parma”, sobre un oficial francés que pasaba grandes apuros por causa de su vestimenta y despertaba en las mujeres de la casa, una emoción nacida en la ternura, y contaba:...”que el Ejercito de Napoleón entró en Milán en 1796. Este ejercito que era admirado por los nobles de Europa y exaltado por su valor y representación, sin embargo era pobre. Carecían de zapatos, pantalones, casacas y sombreros.
Los oficiales fueron alojados en casas ricas puesto que había que reponerse.
Un Teniente Robert se alojaba en el Palacio de la Marquesa del Dongo. Tenía por todo capital un escudo de seis francos. En Lodi le había quitado a un oficial austríaco muerto de un balazo, un pantalón de nanquín, nuevo y hecho a medida.
Sus charreteras de oficial eran de lana y su casaca dejaba ver el revés por los rasguños del tejido. Su atavío personal ofrecía un detalle más triste aún: las suelas de su calzado eran pedazos de sombrero recortados en pleno campo de batalla. Aquellas suelas improvisadas iban sujetas a los zapatos con bramantes demasiados visibles, de modo que cuando el mayordomo se presentó en la habitación del Teniente Robert para invitarle a comer con la Sra. Marquesa, el apuro del oficial no tuvo límites.
Su asistente y él pasaron las dos horas que faltaban para la comida recosiendo un poco la casaca y tiñendo de negro, con tinta, los malditos bramantes de los zapatos
...”

Con mucho menos dramatismo, y en un sentido más propio de nuestros días proclamo: ¡Pobre el hombre que pierde sus galas por cuestiones de la naturaleza y de la economía!
¡Que ambas hacen una unión formada en el infierno!

Da verdadera ternura ver a los hombres cuando toman conciencia que la relación entre la pretensión estética y la naturaleza de sus cuerpos a la postre se trunca, o se da a medias, reticente.
Ello más que con las mujeres. ¿Acaso porque estemos mejor armadas en esto de la galanura y la impostura del vestido?

martes, 11 de enero de 2011

Hay alguien observándonos!



Hace una semana atrás estuvimos pasando unos dias maravillosos de descanso, lectura y relax en las sierras cordobesas
Hasta donde nuestra vista llegaba se veía el verde.
La naturaleza que nos rodeaba era tan imponente, que los integrantes de la fauna local apenas si reparaban en nosotros con muy poco interés.
A excepción del bicho de la foto que tenía el tamaño del largo de mi mano, y que por lo que se ve, no se contentó con darnos un vistazo fugaz.
Se quedó largo rato ahí donde lo encontramos, abrazado con fuerza al barrote de la ventana, más interesado en observar lo que acontecía en el interior de la habitación, que en retozar por los pastos.
A través de la lente de la cámara nos dedicó una mirada de fría obsidiana, en una pose tiesa que parecía comprimida por los pliegues de su extraño cuello. Y que le daba el aspecto de estar fuertemente abrigado con una bufandita de hojalata aplastada.
Solo el movimiento de sus diminutas antenitas rompían con la quietud y seriedad de su pose.


Feliz comienzo de año para todos!!

viernes, 29 de octubre de 2010

Celebrando cumpleaños



La que está arriba del triciclo de frente a la inmensidad, es mi sobrina B. que hoy cumple 4 añitos.
La foto fue tomada hace un par de años en la ciudad donde vive, muy lejos de mi casa.
Así que siendo que no la veo muy seguido, mi hermana me mantiene al tanto de las anécdotas de B, por teléfono.
Hace unos días me contó que el viernes previo al día de la madre, su maestra del jardín les hizo pintar a ella y sus compañeritos, unos delantales de cocina para regalárselos a mamá en su día.
Una vez que los tuvieron listos y envueltos para regalo, la “seño” los conminó expresamente a que “no tocaran” el regalo, y que no se lo entregaran a mamá, sino hasta el domingo.
B. cumplió a rajatabla con solo una de las consignas. “La de no tocar el regalo”.
Apenas llegó el viernes a su casa, no se aguantó, y poniendo sus manitos arriba de las de mi hermana, la obligaba con sus movimientos desesperados a que abriera el paquete.
-Y claro pobrecita, era antes de tiempo! -Pero como va a saber ella cuando es domingo?
Iba a tener que esperar a que alguien le avisara. Si después de todo no concibe el tiempo y sus unidades de la misma manera que nosotros!
Que lo tenemos tan interiorizado, que ni pensamos en ello.
-En descargo de B. voy a decir que de momento,...el futuro escapa a su comprensión!
Según vi en unos de estos programas de un canal “serio” de la tele. Los chicos recién a partir de los 4 años (aproximadamente porque no debe ser tan exacto) empiezan a ser concientes del futuro y a poder proyectarse en él.
Para evidenciarlo se les practicaba un test a un grupo de chicos, que consistía en ofrecerles, -con una barra de chocolate en mano-, comer solo un pedacito en ese mismo momento, o acceder a la barra entera si esperaban por caso, 5 ó 10 minutos.
Supongo que para la comprensión de las unidades de tiempo ayudaría darles referencias fáciles, como:
5 minutos = al tiempo que tardas en darte una vuelta en triciclo en el patio.
10 minutos = al tiempo que tardas en comerte una banana...y así.
Los chicos mas grandecitos elegían lo segundo, desde que el tiempo ya tenía otro significado para ellos, y eran capaces de soportar la “interminable” espera, porque se proyectaban a sí mismos en un futuro “cercano” disfrutando de la barra entera de chocolate!
Los más chiquitos en cambio accedían a lo primero, y se apuraban a comerse la porción de chocolate de inmediato.
Ojo! No es que sean tontos y no comprendan viéndolo, cuanto es poco o mucho chocolate. Simplemente el tiempo todavía no tiene para ellos, el significado y las implicancias que tiene para los adultos.
Ellos solo escuchan y en definitiva solo comprenden:
-Chocolate ahora! o, chocolate “no” ahora!
Como sea, no falta mucho para que el futuro entre en la comprensión de B., y su vida adquiera toda una nueva dimensión.
Porque hay cosas que solo tienen sentido dado que están en el futuro! O no?
Allí viven las cosas de nuestro mundo que no tienen una existencia actual y cierta, -sueños y proyecciones-, pero tampoco son del todo irreales.
Pronto la imaginación de B. verá ampliada sus fronteras, y su mente podrá viajar sin límite a su futuro. Y auguro que con frecuencia, irá a dejar en depósito sus más ansiados sueños.
Allá vivirán las consecuencias que tendrá que lamentar cuando se porte mal, tanto como las recompensas que a sus buenas acciones vengan a premiar.

Ahora, fijate B. que curioso!
-Yo a diferencia tuya, tengo comprensión de mi futuro desde hace mucho tiempo.
-Mi imaginación lo ha visitado infinitas veces, para darle una vueltita a los deseos que mi esperanza, con cuidado plantó.
-Si pudieras verlo como yo, verías que lo habitan risas infantiles, carcajadas sonoras, paseos en bicicleta, pies descalzos bajo el sol, miedos infundados y de los otros, reuniones de padres y fiestas de cumpleaños con alfajores de maizena.
-Sin embargo, hasta ahora mi futuro me había sido esquivo!
-Cada vez que quería poner un pie en él, se me escapaba por debajo de la suela como bola del pelotero!
Pero como bien saben los que pasan por acá, hace escasos días que siento haber alunizado en ese campo sembrado de sueños conocidos.
Es un hecho que finalmente mi futuro, me permitió entrar en él!
-Así que además de mi felicidad personal, celebro hoy tú cumpleaños B., y deseo de todo corazón, tengas un futuro en extremo generoso, que oportunamente te devuelva cumplidos los sueños, que por turnos tendrá por custodiar. Salud!



Acabo de darme cuenta que el viernes pasado fue el cumpleaños Nº 1 de este blog, (y se me pasó), la verdad es que pensé era hoy. Así que el que por aquí pase, sea bueno/a y me saluda con motivo del cumpleblog "atrasado" que sino me ofendo! Ja!
Gracias.

martes, 20 de julio de 2010

Un Bob Marley bajo cero!

Fuera de mi edificio, y prácticamente bajo mi ventana del primer piso, pasa sus horas un linyera que adoptó el barrio como propio.
Se apareció hace poco menos de un año según recuerdo. Es un personaje algo raro. Joven, flaquito y su aspecto físico más llamativo lo constituyen unas largas rastas de pelo enredado que son coronadas en la parte superior de su cabeza, con una gorra de lana eterna.
Es algo impresionante verle esa mata de pelo espeso que forma una entidad maciza y tiesa, que siendo él tan menudo, le cubre media humanidad.
Me figura un animal salvaje y peludo que se le escurriera por debajo de la gorra, y en su huída a tierra, hubiera sido paralizado en una instantánea, cuando promediaba la mitad de su espalda.
Parece estar siempre alegre. Tiene una manera cantarina de hablar elevando agudamente el final de las palabras, y saluda a los vecinos, gritando de una vereda a la otra.
Al principio nos sentimos todos un poco intimidados, hasta que nos acostumbramos a su presencia, y a oírlo desde el interior de nuestras casas.
Con decir que alguna vez se especuló entre los vecinos de imaginación más fertil, que el mentado linyera no sería tal, sino alguien encubierto que estuviera cumpliendo algún servicio de inteligencia para la policía, SIDE o alguno de esa talla.
Sus conductas eran y siguen siendo algo extrañas, pero ya dejamos de prestarle atención.
Llega a sentarse a su rincón preferido, pegado a la ochava de una esquina, todos los días excepto los domingos a eso de las once de la mañana. Y se va a eso de las seis de la tarde.
Jamás pernocta en el lugar. Nunca pide y no tiene el deterioro típico de la gente que hace tiempo está en la calle. Se lleva su comida para el mediodía, fuma, escucha radio, lee el diario, y por referencia propia, -porque paso caminando a su lado cuando voy a tomar el subte-, sé que no apesta.
Está siempre atento a los movimientos de la gente, y habla con todo el que le dirija la palabra.
Lo he escuchado hablar con los paseadores de perros, las porteras de los edificios y la gente vecina, y puedo afirmar que habla con mucha coherencia y está siempre informado.
Sería más entendible para todos, si se le encontrara la motivación al acto repetido. La razón de la rutina, el cumplimiento de horario y actividad.
De lo contrario, nadie entiende porqué se empeña hace un año, en sentarse en el mismo lugar, en ver la misma panorámica, la misma gente.
Acaso no siente ganas de ceder a la tentación de sentarse en otra esquina, de cambiar de barrio y de aire?
A mi entender, y casi con la misma energía y esfuerzo que cualquiera hace su trabajo, este emulador del jamaiquino más famoso, a diario procura con saludos y palabras amables el trato de la gente. A veces recibe a cambio palabras azarosas y apuradas, y otra mas afortunadas, un dialogo completo de pensamientos cruzados.
Evidentemente no lo descorazona la paga en términos desproporcionados. Todo un día de esfuerzos, por la suma de minutos de intercambio humano.
Sin dudas, se decidió por cultivar en el tiempo y a fuerza de permanecer tenazmente en la porción de barrio elegida, la semilla de la confianza entre la gente...Y hasta podría adivinarse que en sus aspiraciones mas soñadas y elevadas, esta la de la amistad!
Así lo he visto soportar el calor de la ciudad, en pesado silencio, con su gorra siempre encasquetada sobre sus rastas, -sin ánimo de hacer concesiones-, aguantando la brutalidad del verano en sus peores horas.
Hace unos días que llueve y hace muchísimo frío en Buenos Aires, y el silencio que trae de afuera la húmeda bruma, me hace pensar furtivamente que el linyera no está.
Hasta que salgo y lo veo encaramado en su esquina, con su pintoresquismo desvanecido bajo un impermeable, empecinado y cultivador en estación gris.

Felíz dia del amigo, amigos virtuales y de los otros!!

Enlace1
Enlace2

martes, 6 de julio de 2010

Dejenme bajar, que aquí me quedo!

Hace unas semanas atrás tuve un par de días en que me sentí extrañamente mal.
Supongo que fueron varias cosas que se me juntaron.
El duelo por el último negativo. La incertidumbre de no saber como seguiremos. La consulta con nuevo especialista que se viene, etc.
Y para remate tuvimos un episodio en una reunión con unos pocos amigos, que entre risas, mofa y expresiones despectivas y acostumbradas sobre “nuestros chinos y negros locales”, sin mayor análisis ni seriedad porque el contexto no lo ameritaba, se hizo referencia a la adopción de chicos de otras razas.
Aclaro antes de seguir, que no pretendo exagerar la nota sobre el particular, ni habilitar la inferencia lineal. Mis conocidos no son mala gente, sino como el común de los humanos. Generosos e intolerantes a veces, felices e infelices de a ratos.
Agrego que dicho episodio, no tiene más destino que el olvido.
Con la proclama de que “el que adopta un negro es un hijo de puta”, -un adoptante de raza blanca entiéndase-, la anfitriona se manifestó muy en desacuerdo, ya que suponía la discriminación sería incontrolable, desde que empezaría en casa, siendo la misma un hogar interracial.
Ahora, obviando esta frase taaan poco feliz! Entiendo que esta diferencia, implica para ella un escollo difícil de superar, y que preferiría no lidiar con él.
-Para que buscar deliberadamente la diferencia, si ésta a menudo nos encuentra!
La naturaleza ciertamente no es prolija, ni nos trata a todos de forma pareja.
La enfermedad por caso, pone en desventaja a uno de entre los hermanos, y la tragedia distingue al huérfano como único en su clase escolar.
Como sea, en mi opinión la respuesta al tema de la adopción, es visceral.
Si no surge de las vísceras, mas vale no forzarla. Y una vez que las vísceras hablaron, a quien le queda ganas de teorizar sobre diferencias y discriminación?
Poco importa cuanto se hable o se lo resista. El tiempo pasará y nos iremos acostumbrando a ver chicos que no se parecen físicamente a sus padres, que repiten sus gestos y hablan con sus palabras.
Y entonces...cual es el motivo de mi malestar?
La respuesta es simple. Si se hace mofa de las cosas en las que creo o deposito mi confianza, entonces se las desvaloriza. Y si ellas son desvalorizadas y expuestas como motivo de burla, entonces “yo” soy desvalorizada.
Reconozco que mi sensibilidad reacciona con rapidez y por eso me resulta fácil y claro establecer todos esos enlaces con igual rapidez. Y mi mente atropellada mete y sacude todo dentro de una misma bolsa.
-Pero hacen ellos estos enlaces? -Se percatan acaso de que ofenden mi sensibilidad?
-No lo creo! -Que podría reprocharles? -Que no tengan "sensibilidad" pública?
-No. Estoy segura que en reuniones “más públicas” reprimen sus opiniones radicales cuidando de no herir susceptibilidades ajenas.
Claro que esta era una reunión de unos pocos y de confianza. Lo cual implica que nos ven y sienten como dos más, de ellos mismos.
...Y mirándonos desde afuera, la verdad es que nos parecemos.
Todos cuarentones, sin hijos. Compartimos los mismos espacios, tenemos similares hábitos de vida y experiencias comunes...Y sin embargo, yo quiero desesperadamente distanciarme en los hechos!!
Los veo tan ensimismados, tan dramáticos y teóricos. Jactanciosos y seguros de tener en sus manos el control, para no terminar enredados en una relación de deuda con un universo prestamista.
Y yo que a estas alturas hasta andaría de rodillas por una célula propia o prestada, lo único que tengo por seguro es que no tengo recurso fiable, con que apelar contra un universo que me empequeñece.
Cuando escucho frases como la de arriba, con mi físico hundido en un sillón, y cerquita el espíritu de RAT, -a quien no necesito ni mirar para saberlo afín-, en mi mente corro...corro...y corro...

viernes, 21 de mayo de 2010

Retazos de vida cotidiana: Raro rulo

Solamente poniendo su cabeza de costado, izquierdo particularmente, podía ver ese extraño mechón de pelo enrulado. No era un rulo apretado, sino uno suavemente ondeado cuya terminación desafiante de la gravedad, apuntaba levemente al techo.
Trató de verlo desde el otro costado, pero no pudo. Debía girarse demasiado y claro, ella no tiene ojos en la espalda
No desentonaba tanto después de todo. El resto de la cabellera no estaba de momento perfectamente alisada ni prolijamente peinada.
Había pasado la noche restregando su cabeza contra la almohada, molesta por el zumbido de un mosquito extraño para un otoño avanzado.
Ya lo había sentido la noche anterior, pero solo un rato porque después de apagar la TV y enchufar el aparatito/porta tableta mata mosquitos, durmió confiada y placidamente.
Esta vez sintió en plena noche la molestia del insecto al que creía muerto.
Sin duda debía su prolongada existencia a esas noches de invierno demasiado húmedas para la época.
No prendió la luz. Conoce el poco éxito que tiene tratar de darle caza en medio de la noche. No quiso verse nuevamente sentada en la cama, agudizando vista y oídos, girando la cabeza en una y otra dirección. Escucharse la respiración, oír las quejas provenientes de las profundidades del sueño de su marido, y encontrarse con la imagen que le devuelve el espejo, que pende en un ángulo casi enfrentado a la cama.
Una de pelos crenchudos y cara de loca.
Esa noche no. No hizo el menor esfuerzo por trabarse en duelo con el insecto. Se limitó a cachetearse en la oreja, - aquella donde escuchó el último zumbido unas fracciones de segundos previos-, y a dar un par de manotazos al aire. Mientras sus brazos se alzaron en un ademán inconcluso de ventilar las sábanas, deseó que el insecto fuera a posarse sobre la piel del que yace a su lado.
-Que vaya a picarlo a él que viene zafando todos los veranos!
-Que calor que hace! –Se percató
Estaba tapada con doble colcha y tenía la camiseta algo mojada a la altura del pecho a causa de la transpiración nocturna.
El calefactor estaba en piloto desde que se acostaron, pero el ambiente aun estaba calefaccionado, a causa de todas esas horas de la tarde en que permaneció encendido.
No era el único ambiente caldeado de la casa. El radiador de la cocina también había estado calentando gran parte del día.
Hasta poco antes de la cena estuvo oreando la ropa que llevaba lavada más de un día, y que la humedad en aumento no dejaba secar.
-Con razón estaba tan inquieta!
-Esta porquería de cambio climático! Ya ni las enfermedades tropicales se quedan en el trópico!! -Se dijo.
Dudó en levantarse y abrir la banderola de la ventana. Optó en cambio por incorporarse lo suficiente como para sacarse las medias de algodón que suele usar para dormir.
Nunca le falló. Cada vez que está inquieta y no puede dormir porque la humedad la tiene a mal traer durante esas noches raras del invierno porteño, desabrigarse los pies en procura de enfriamiento corporal, le ha valido mejores resultados que restarse una colcha.
Ya de mañana puso a calentar el agua para el mate. Recordó su desvelo nocturno y se preguntó si el maldito la habría picado.
Se miró de frente en el espejo del botiquín del baño y advirtió que tenía un párpado hinchado.
-Ahhh! Pero qué desgrrraciado!
Al instante se encontró mirándose el perfil de reojo.
El mechón ondulaba en un elástico tirabuzón que le caía en un arco abierto por encima del resto de la melena lacia. Una melena larga enmarañada, cuyas puntas terminan redondeadamente y sin esfuerzos a la mitad de la espalda.
Con movimientos impensados se paso los dedos por el mechón que nace en su sien izquierda. Estaba enredado y vaporoso como si hubiera estado expuesto al aire caliente.
La espesa cortina de pelo castaño, dejaba pequeños claros que se veían a través de las tiras de cabello espeso, que apenas se dividian del resto.
No hizo falta concluir que ese efecto lo había provocado la exudación, de esas que se alojan en la base del cráneo durante un sueño agitado.
Por debajo de esa mata, pasó su mano a lo largo de la nuca entrando con los dedos hasta el nacimiento del cabello, y sintió los persistentes vestigios de húmeda tibieza.
-Que días raros! –Pensó
-No se decide el invierno a instalarse propiamente. Dentro de las casas esta frío y destemplado y sin embargo, afuera el abrigo llega a pesar.
-Porque no se decidirá a llover de una p... vez??!!
No había programas para esa mañana, así que en tanto encendía la computadora y volcaba el agua caliente en el termo, se decidió a desayunar tranquila y leer su correo.
Luego se daría un baño.